Una buena parte de nuestra historia política nos fue orillando a concebir el mundo entre izquierdas y derechas; antes, entre liberales y conservadores; hoy, en México, entre oficialistas y opositores. Las categorías, al menos actualmente entre izquierda y derecha, siguen siendo útiles porque expresan diferencias reales sobre cómo se conciben la libertad, la igualdad, el mercado, el papel del Estado e, incluso, la distribución de la riqueza. Sólo que dichas categorías dan paso a un problema cuando comienzan a utilizarse para explicarlo todo, tal y como la política mexicana parece empeñada en hacerlo. No es un tema menor. Hoy, en el debate público, si alguien cuestiona al gobierno, rápidamente puede ser colocado en la derecha; si reconoce algún logro de la presidenta Claudia Sheinbaum, puede ser acusado de oficialista, y eso no es otra cosa que una visión meramente reduccionista. A tal grado hemos llegado que hoy se construye un debate público donde importa cada vez menos qué y por qué se dice, y cada vez importa más desde qué espectro suponemos que se está diciendo.

En ese sentido, la aparición de una fuerza política como PAZ resulta interesante precisamente por eso. No solamente porque México tenga dos nuevos partidos políticos, sino porque obliga a preguntarnos si todavía es viable entender la pluralidad política utilizando únicamente las categorías tradicionales. Por ejemplo, Hugo Eric Flores fue claro durante el primer Congreso Nacional de PAZ al señalar que el partido no será satélite ni comparsa de Morena. Al mismo tiempo, tampoco renegó del respaldo que en su momento se dio a Andrés Manuel López Obrador, ni mucho menos del acompañamiento a Claudia Sheinbaum. Señaló claramente que hay coincidencias que permanecen y diferencias que hoy resultan evidentes, lo que no debería parecernos contradictorio si nos referimos a una democracia madura, en la que coincidir no tendría que significar someterse y disentir tampoco debería obligarnos a convertirnos en adversarios.

Con honestidad señalo lo anterior desde una posición que no pretendo ocultar: participé en la fundación de PAZ y creo que este se configura como un espacio propicio para construir una alternativa que coloque en el centro la pacificación del país, la comunidad, la justicia social, la protección del medio ambiente y la reconciliación nacional. Pero precisamente por esa pertenencia creo también que nuestro desafío será mucho mayor que simplemente declararnos distintos.

Una encuesta reciente de Mitofsky ofrece un dato revelador: mientras buena parte de los mexicanos identifica con relativa facilidad a Morena, PAN, PRI o Movimiento Ciudadano dentro del espectro ideológico, 48.5 por ciento no supo dónde colocar a PAZ. Habrá quien pueda interpretar ese resultado como una debilidad o un vacío ideológico; sin embargo, creo que esa es una pregunta que habrá de obtener respuesta a partir de los hechos, en tanto que toda identidad política no se construye diciendo lo que uno no es, sino demostrando en la práctica lo que se es.

PAZ tendrá que demostrar —insisto: en los hechos— qué significa colocar a la paz en el centro de la acción política; qué propone frente a la inseguridad, los desaparecidos, la extorsión, la desigualdad, el deterioro ambiental, la pobreza y el abandono de muchas comunidades. Tendrá también que demostrar que puede reconocer los aciertos del gobierno cuando existan y señalar sus errores cuando sea necesario, sin convertirse ni en comparsa ni en oposición automática.

Por lo tanto, creo que el verdadero desafío de la política mexicana en general no se encuentra en decidir definitivamente entre izquierda y derecha, sino en recuperar algo que la polarización nos ha hecho olvidar: la posibilidad de coincidir o disentir sin cortapisas cuando la realidad lo amerite. Sobre todo en este país profundamente dividido, donde construir paz también comienza por reconocer nuestras diferencias.

Luis Tovar
Secretario General de la Fundación

para la Defensa del Medio Ambiente. FUDEMAH A.C.