Nadie con sentido común puede exigirle a la alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo, un mínimo conocimiento sobre cultura.

El retiro de las estatuas de Fidel Castro y Ernesto Guevara, no sólo es una falta de respeto a la historia, además de ser un símbolo mundial, es una expresión artística que la burócrata de poca monta no entiende.

El arte y la voluntad popular están muy lejos de Alessandra Rojo de la Vega no sólo no entiende de esto, se niega a entenderlo, y cae en el delito de robo y secuestro contra la sociedad y extrae su legado en nombre de las ideas delirantes que le caracterizan.

Ahora, le alquila, presta o vende a la empresa privada de Similares la Casa Cultura Alfonso Reyes, que fue entregada a la comunidad durante la construcción del metro, para convertirla en un dispensario, provocando la ira de los vecinos de la colonia Vista Alegre, quienes se organizan contra tal disposición unilateral de Alessandra Rojo de la Vega sobre los cambios que tiene previsto efectuar en el recinto que por 52 años ha mantenido actividades.

La educación es otro de los temas que desconoce la alcaldesa porque para ella un reciento de aprendizaje, arte, cultura y comunidad, no es nada.

Contrario a la transparencia que promueve, en esta ocasión la alcaldesa no transmitió por sus redes sociales y tampoco emitió comunicado alguno de forma oficial. Sólo se difundió una tarjeta informativa que fue criticada por los residentes porque menciona que ha construido alianzas para “ampliar las actividades y servicios que puedan ofrecerse en la casa de cultura una vez concluidos los trabajos”.

Esto representa una manera de imponer ala sociedad mexicana una población hipocondriaca, imposición que sistemáticamente ha introyectado a la derecha para someterla al miedo permanente. Laboratorios farmacéuticos, el PRIAN, empresarios, el clero, prefieren una sociedad temerosa a la enfermedad que a cualquier otro problema social, porque así pueden cambiar de bando.

La enfermedad es dúctil a la hora de colocarla el cualquier partido político como trinchera, como sucedió durante la pandemia, desde luego con la complicidad d ellos medios convencionales que han hecho de la sociedad un sector obsesivamente preocupado por la salud. Un segmento de la clase media al que siempre le duele algo, otro que sólo tiene la enfermedad como tema de conversación, otro del precio de los medicamentos, otro de la escasez, etc. En realidad, están enfermos de aburrimiento.

La salud es un tema que fue introducido en la parte más porosa de la sociedad para ser manipulada y conducirla a través del miedo al manejo de su voluntad.

Cinco de cada 10 comerciales de la televisión abierta corresponden a productos medicinales, es decir, una evidente convocatoria a la automedicación en nombre de una salud cuyos síntomas son impuestos desde la televisión.

Es en ese panorama de Alessandra consideró que manejar temas de salud le daría las simpatías populares que tanto le hacen falta, resultó al revés.

Las arbitrariedades de la alcaldesa de Cuauhtémoc llegan a extremos de delito, que finalmente se revierte a la hora de votar, porque entre sus delirios considera que la gente la quiere y la admira, por lo que intenta reelegirse.