De acuerdo con una reportera en la Mañanera del Pueblo de la semana pasada, es una frase que pronunció Omar García Harfuch, Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de México en alguna conferencia.

La reportera le preguntó a la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a qué podría referirse el Secretario, la respuesta, como en otros casos, resultó vaga o poco directa con referencia al tema y le explicó a la reportera todo lo que se hace cotidianamente en el Gabinete de Seguridad para la construcción de la paz y se refirió a varias acciones, que van desde las acciones de las fuerzas armadas, hasta la aplicación de los Programas Sociales, mejoramiento del Sector Salud, aunque en Educación se sigue golpeando a los maestros y a las instituciones educativas de todos los niveles. Todo esto es cierto aunque todavía falte mucho para lograr la meta necesaria.

Recuerdo el tema de “regresar a la normalidad” durante la pandemia de Covid 19 y su significado era bastante claro y fácil de entender, pero en lo que se refiere a seguridad, habría que hacer otro tipo de precisiones en la pregunta y, por supuesto, en la respuesta.

Tristemente hoy, la normalidad es la violencia y la aparición de nuevos tipos y formas de delinquir, aunque las antiguas siguen vivas, como el asalto al transeúnte, el robo a casa habitación, el robo de auto y demás cochinadas de las que hay que cuidarse a diario. Nosotros sin armas y ellos con muchas muy grandotas.

Se nota la acción del Gabinete de Seguridad y de algunas fuerzas policiacas en los estados y municipios, pero para lograr la ansiada paz, falta mucho por hacer. Eso, lograr la paz tendría que ser la normalidad, pero en tanto sigamos viviendo bajo el yugo del capitalismo, se ve un tanto difícil.

Sin embargo, hay una respuesta a la pregunta de la joven reportera, que refirió haber estado muy pequeña cuando ocurrió el fraude electoral que llevó al espurio Felipe Calderón (pura materia FE CAL) y quiero adelantarme a responder un poquito lo que era “la normalidad” en los tiempos en que yo tenía la edad de la citada compañera reportera, y procedo.

En mi infancia y adolescencia, a pesar de vivir bajo el yugo de un estado represor, con el PRI de López Mateos, Diaz Ordaz y Echeverría, los niños en la Ciudad de México, entonces México, Distrito Federal, esa que Carlos Fuentes llamó “La región más transparente del aire”, podíamos salir a la calle y jugar a las patadas (eso no era futbol) o tochito y cuidarnos solamente de los coches, que siempre se paraban y esperaban a que nos hiciéramos a un lado al grito de “¡coche, coche!

También podíamos salir a “andar en bici”, los que la teníamos y visitar a otros cuates para en bola andar juntos en las bicicletas o visitando a alguna niña cuyos encantos nos tenían embobados, o tal vez simplemente a sentir el aire en la cara soltando el manubrio y dirigiendo la bici con el movimiento del tórax, la cadera y las piernas para evadir algún obstáculo en el pavimento, o tal vez inventar una pista de obstáculos en algún terreno baldío con montículos de cascajo. Al final, regresar a casa a obscuras, quizás rapados o muy sucios, pero felices y sin nada que lamentar.

Se podía ir a pie al parque cercano o a dónde hubiera una chancha de básquet para jugar un rato y organizar las retas sin preocuparnos de otra cosa que de aprender y divertirnos, tal vez simplemente a ir al cerro a mirar la ciudad desde allá. No había mucho por lo que preocuparse, eso sí, de preferencia siempre con uno o dos cuates más, o el hermano menor o mayor y ya.

Éramos capaces de tomar agua de las fuentes de riego de algunos parques. Siempre salir después de hacer la tarea y de comer, regresar cuando ya casi no había luz natural; cuando empezaba a encenderse la “luz mercurial” dónde la había. El miedo que podíamos tener, era a perder el juego, a que se ponchara una llanta de la bici, o a que empezara a llover y llegáramos a casa empapados con el consiguiente regaño de mamá y a la regadera.

La normalidad era no tener miedo y saber que el país podía ser bueno si los gobiernos y los dueños del dinero pagaban lo justo a la gente, pero eso no pasó y también era parte de la normalidad.

Luego lo cotidiano fue saber que aquello se había terminado cuando el Estado Mexicano, usando a su Ejército y a sus policías, golpeaba, encarcelaba y asesinaba a trabajadores, ya fueran ferrocarrileros, electricistas o maestros y a estudiantes o a cualquiera que los cuestionara. El Estado se volvió represor, asesino de su Pueblo, dictatorial, antidemocrático, opresor, puramente violento y demás maldades capitalistas y esa fue la normalidad, así que la violencia tiene una historia más lejana que el neoliberalismo, viene del Estado Burgués, defensor del capital y sus personeros desclasados, pero se generaliza con la estupidez de Calderón con su declaratoria de guerra, que además de recursos económicos, se ha llevado demasiadas vidas y terminó con la pingüe paz que alguna vez, fue la normalidad en casi todo el país, excepto siempre, para los más pobres y desfavorecidos de la Patria, a los que el capitalismo ve como fuerza de trabajo barata para deprimir los sueldos de los ocupados.

La normalidad tendría que ser que las infancias vivieran esa niñez de cuento que algunos tuvimos el privilegio de disfrutar y tendría que ser igual para todos, además, tendría que ser una en la que los padres pudieran disfrutar de ver a sus hijos educarse y crecer en paz y con cercanía. La normalidad tendría que ser una en la que a los jóvenes les llamara el corazón para tener hijos y formar familias, lo que ya rara vez hacen porque saben que sus ingresos a muy duras penas les alcanza para sí mismos. Y no, esa no fue la normalidad de la que habló la Doctora Sheinbaum, per estoy seguro de que es la que ella y la mayoría de los mexicanos queremos construir. Al carajo, como dijo AMLO, con los dueños del dinero, que sea la fuerza laboral de México la que construya y venza. Es un ideal y todo es mi humilde opinión.