El comandante Stephen Davis admitió que la Fuerza Aérea desmanteló aviones para mantener otros en vuelo, mientras el arsenal de misiles del país se agota tras meses de guerra con Irán.
La escasez de repuestos golpea con fuerza al mando de bombarderos estratégicos de Estados Unidos. El general Stephen Davis, jefe del Mando de Ataque Global de la Fuerza Aérea, reveló que 17 aviones B-52 se acumularon en talleres de reparación sin piezas disponibles. Ese cuello de botella obligó a los técnicos a desarmar algunas aeronaves para rescatar componentes útiles.
Davis explicó los detalles durante la Conferencia de Aire, Espacio y Ciberespacio de 2026. Según su relato, los equipos de mantenimiento recibían bombarderos dañados solo para extraerles partes. Luego los devolvían al servicio con piezas de otros aviones ya inutilizables. El propio general señaló que el problema surgió durante la gestión de su antecesor, hace aproximadamente un año.
Cada base operativa llegó a mantener entre dos y tres aviones fuera de servicio de forma permanente, según explicó Davis. La raíz del problema, dijo, estuvo siempre en la cadena de suministro. Los aviadores simplemente no contaban con las piezas necesarias para completar las reparaciones a tiempo.
El desgaste militar no se limita a los bombarderos. Análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales muestran que el arsenal de misiles estadounidense también quedó diezmado. Después de seis meses de guerra con Irán, la Fuerza Aérea gastó gran parte de sus misiles Patriot y sus interceptores THAAD. Además, el ejército consumió casi la totalidad de sus sistemas tácticos de largo alcance.
Los expertos calculan que reponer ese inventario tomará entre cuatro y cinco años. Esa cifra preocupa a analistas de defensa, quienes advierten sobre un riesgo real ante un conflicto futuro. El Pentágono, por su parte, insiste en que el ejército conserva la capacidad para actuar donde sea necesario.





