A casi un mes del intento de feminicidio contra Nadia Beller, Latinus y TV Azteca guardan silencio, pese a las implicaciones políticas internacionales del caso y los vínculos de Fernando Cerimedo con actores de la derecha latinoamericana. En contraste, sí han dado amplia cobertura al asesinato de la esposa de Jonathan Meléndez, diferencia de trato que exhibe sus prioridades y su imparcialidad editorial.
Casi un mes después del intento de feminicidio contra Nadia Beller, el silencio de TV Azteca y Latinus resulta llamativo frente a la cobertura que ambos medios han dado al asesinato de la esposa de Jonathan Meléndez, músico de Camilo Séptimo. El caso Beller no se trata de un hecho menor o exclusivamente personal: es un intento de feminicidio ocurrido en Bolivia que involucra al consultor político argentino Fernando Cerimedo, señalado por la propia víctima como presunto responsable intelectual y actualmente investigado por las autoridades bolivianas. Además, el caso tiene implicaciones que trascienden las fronteras mexicanas por los nexos políticos y mediáticos de Cerimedo con sectores de la derecha latinoamericana y con figuras y proyectos vinculados a México.
En contraste, la muerte de la esposa de Jonathan Samuel Meléndez, tecladista de Camilo Séptimo, sí ha recibido una cobertura amplia y sostenida por parte de estos medios. TV Azteca y Latinus han informado sobre el crimen, las víctimas, los detenidos, las líneas de investigación, el hijo que sobrevivió a la tragedia y las circunstancias alrededor del asesinato. Es comprensible que un crimen de esta naturaleza genere interés periodístico; lo cuestionable es que un caso reciba seguimiento constante mientras otro, con una dimensión política internacional evidente, prácticamente no aparezca en el radar editorial.
¿Por qué el asesinato de la esposa de un músico merece una cobertura mucho mayor que un intento de feminicidio con implicaciones políticas internacionales? Nadie cuestiona que el crimen contra la familia de Meléndez deba ser informado y seguido; la pregunta es por qué esa misma capacidad de cobertura, investigación y seguimiento desaparece cuando el caso involucra a Fernando Cerimedo, un operador político con conexiones internacionales, vinculado con La Derecha Diario y con personajes de la derecha latinoamericana. Si los medios consideran relevante seguir cada nuevo detalle de un crimen, resulta legítimo preguntar por qué no aplican el mismo criterio cuando la historia toca intereses y actores políticos de mayor alcance.
TV Azteca y Latinus se presentan como medios comprometidos con la libertad de expresión, el periodismo crítico y la exigencia de rendición de cuentas. Precisamente por eso, su silencio frente al caso Beller resulta cuestionable. No se les pide condenar a Cerimedo ni presentar como probadas acusaciones que todavía son materia de investigación: se les pide informar. Se les pide explicar a sus audiencias que una mujer denunció haber sido víctima de un intento de feminicidio y que el principal señalado es un operador político con conexiones internacionales que también tienen relevancia para México.
Cuando estos medios pueden dedicar una cadena de publicaciones al asesinato de la esposa de un músico, pero guardan silencio ante un intento de feminicidio que involucra a un personaje con vínculos políticos y mediáticos internacionales, el problema deja de ser simplemente una diferencia de criterios periodísticos. La disparidad de cobertura obliga a cuestionar qué intereses, relaciones o afinidades están detrás de sus decisiones editoriales.Porque el periodismo verdaderamente independiente no debería decidir qué casos merecen atención en función de quién aparece involucrado: debería informar precisamente cuando la historia resulta incómoda.





