El presidente brasileño busca prolongar su proyecto político y contener al bolsonarismo, en una elección que podría redefinir el rumbo de la izquierda y la derecha en América Latina.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, inició formalmente su campaña por un cuarto mandato con un mensaje contundente contra la derecha. Ante una multitud en São Bernardo do Campo, el histórico dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) afirmó que mientras esté vivo no permitirá que sus adversarios regresen al poder, y reivindicó su trayectoria política ligada a la clase trabajadora.
Lula, de 80 años, busca convertir su eventual triunfo en un nuevo capítulo de su extensa carrera y consolidar políticas enfocadas en los sectores más pobres. Durante el mitin defendió además que los minerales estratégicos de Brasil sean aprovechados en beneficio de los brasileños, en un mensaje que también apeló a la defensa de la soberanía nacional frente a intereses extranjeros.

En el otro extremo, Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, arrancó su campaña en Copacabana, Río de Janeiro, con un discurso centrado en seguridad y economía. Sin embargo, una de sus principales banderas es conseguir la libertad de su padre, condenado por su participación en un intento de golpe de Estado tras las elecciones de 2022. El bolsonarismo también busca ganar fuerza en el Congreso para desafiar al Supremo Tribunal Federal.
La contienda comienza prácticamente empatada. Una encuesta difundida por el grupo Globo coloca a Lula con 43% de las preferencias en una eventual segunda vuelta, frente a 40% para Flávio Bolsonaro. Ambos concentran además elevados niveles de rechazo, mientras el resto de los aspirantes permanece muy por debajo de ellos. La elección podría definirse por un reducido grupo de votantes indecisos.
Brasil elegirá presidente el 4 de octubre, además de gobernadores y legisladores; una eventual segunda vuelta está prevista para el 25 de octubre. El resultado tendrá impacto más allá de sus fronteras: un triunfo de Lula representaría un freno al avance de la derecha en América Latina, mientras una victoria de Bolsonaro hijo fortalecería al bolsonarismo.
El país se prepara así para una disputa en la que no sólo se enfrentan dos candidatos, sino dos proyectos políticos profundamente enfrentados y dos visiones sobre el futuro de Brasil.





