Con una brevedad y densidad propias de las “Cartas a un joven poeta” de Rilke y un estoicismo que nada tiene que envidiar a las “Cartas a Lucilio” de Séneca, Andrés Manuel López Beltrán nos regala una nueva carta de su puño y letra. En esta ocasión, dirigida a Trump, amo y señor de la política de ocurrencia, y las cortinas de humo para cubrir cortinas de humo, ¿La razón?, la cancelación de la visa de López Béltran para poder ingresar —de forma legal— a los Estados Unidos, “una burda y perversa canallada”.
La carta puede leerse como un manifiesto del desprecio de ser despreciado por la política, despreciable, de un gobierno con colaboradores despreciables, de una nación que atraviesa “tiempos decadentes y lamentables de odio, racismo, drogadicción, desintegración familiar, inconformidad social y tristeza”. Una crítica politiquera y propagandista, a un acto politiquero y propagandista, que acusa, sin pruebas ni demostración alguna, de acusar sin pruebas ni demostración alguna. Concluyendo, sin demostrar nada, que se persigue a quien ni siquiera se señala.
La carta de Andres Manuel hijo va más allá de una mera muestra de protesta oportunista en contra del oportunismo. Enarbola una bandera performativa que no arriesga. No propone una quema masiva de visas estadounidenses o una revolución anticonsular. No abraza un discurso que condene el deseo mexicano de aceptación estadounidense. Ni siquiera encumbra un “no hace falta que nos excluyan, nos excluimos porque no necesitamos cruzar la frontera”. No. Lopez Beltran es consciente del lugar que el gobierno mexicano ha adoptado frente al de los Estados Unidos y prefiere pedir la clemencia del líder, que posicionarse como un verdadero defensor de una causa.
Entrados en gastos
Para rematar esta protesta que no protesta, la presidenta Claudia Sheinbaum calificó como “injerencia” el retiro de visas de Estados Unidos a políticos mexicanos. Es de suponer que por ello el gobierno Méxicano renunció a tomar decisiones soberanas que pudieran intervenir de forma indirecta en la política de otros países.
Que por ello no rompe relaciones diplomáticas con Israel, no vaya a ser que intervenga sobre la soberanía israelí de hacer lo que le dé la gana. Que por ello permite que el acceso a la vivienda esté subordinado a la especulación, el turismo residencial y la rentabilidad inmobiliaria, no vaya a ser que regularlo afecte el modelo que hace de México una extensión de la geografía económica del Norte Global. Que por ello defienden los proyectos extractivistas como estratégicos, no vaya a ser que limitarlos merme la repatriación de utilidades al país de origen de las corporaciones extranjeras. La enseñanza de Lopez Beltran es clara, la soberanía es soberana en la medida que permita subordinarse al capital y recoger sus migajas.
- Carlos Bortoni es escritor. Su último libro es Polvo, publicado por Casa Editorial Abismos.





