El candidato de la ultraderecha brasileña ya repartió invitaciones para su toma de posesión, aunque todavía debe ganar la segunda vuelta frente a Lula el próximo 25 de octubre.
Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal de Brasil, pidió ayuda al presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, para combatir el narcotráfico, en una videollamada que dejó una escena peculiar: el brasileño todavía no gana la elección y ya está organizando su gobierno como si la banda presidencial estuviera asegurada.
Durante la conversación, Flávio aseguró que pretende aplicar un régimen “muy estricto” contra el crimen y planteó intercambiar información sobre narcotraficantes con Colombia. También invitó a De la Espriella a su toma de posesión en enero, pese a que primero tendrá que enfrentarse a Luiz Inácio Lula da Silva en la segunda vuelta del 25 de octubre.
De la Espriella, quien asumió la Presidencia colombiana en agosto, coincidió en que el narcotráfico es un problema global y propuso cooperación entre ambos países. Brasil y Colombia comparten alrededor de mil 600 kilómetros de frontera amazónica, una zona considerada vulnerable por su extensión y difícil vigilancia.

Flávio también adelantó que, si llega a la Presidencia, buscará que Brasil participe en el llamado Escudo de las Américas, iniciativa de seguridad impulsada desde Estados Unidos. El proyecto contempla acciones contra organizaciones criminales de la región, aunque también ha generado preocupación por una eventual intervención de Washington en asuntos internos latinoamericanos.
La videollamada fue difundida por Eduardo Bolsonaro, hermano de Flávio y actualmente radicado en Estados Unidos. La familia Bolsonaro intenta así proyectar una imagen de bloque internacional de la derecha, mientras Flávio presume mano dura antes de haber ganado la elección.
Y mientras tanto, su padre, Jair Bolsonaro, cumple una condena de 27 años por su participación en el intento de golpe de Estado contra Lula. En la primera vuelta, Flávio obtuvo 47% de los votos frente al 45% de Lula, por lo que todavía falta la parte incómoda para el heredero: ganar la elección.





