En el territorio que hoy ocupa la República Mexicana, desde que era tierra de caza, se han padecido invasiones de diversa índole. La mayoría de los Pueblos Originarios padecieron el dominio de imperios que se sucedieron unos a otros, en casi todos los casos eran dominados previa invasión o por la fuerza de las armas y la superioridad numérica y de capacidad de ataque. Así sucedió con las naciones circundantes y tributarias del Imperio Azteca, quienes, por cierto, nunca pudo con los Tarascos.
Entre los del centro del país, el norte y el sur y sureste, había contactos importantes de intercambio de mercancías y de conocimientos. Xochicalco es una prueba interesante de ello.
Sin embargo, los Mexicas o Aztecas tenían por costumbre invadir para expandirse, igualito que hicieron el Imperio Otomán, el Imperio Romano y cada imperio del que se tenga memoria en la historia de la humanidad. Los nazis de Hitler y Mussolini también intentaron avanzar así, tal como hizo Francia en África o Portugal en Brasil y la misma España en Nuestra América e Inglaterra en la costa del Atlántico al norte, ya fuera del Golfo de México.
En nuestros días, el imperio que pretende formarse es el Imperio Sionista, que no es Judío, ni responde al Dios Judío, ni Cristiano, ni Musulmán, que en esencia son el mismo y Su historia se narra de la misma forma en los libros que corresponden a cada una de esas formas en que la fe se manifiesta.
A Palestina la invadieron los sionistas, que usan las mismas estrategias de los fascistas y pretenden adueñarse de ese territorio asumiéndose como Israel, aquel Pueblo elegido por Dios, como si los hechos históricos que narran los libros del llamado “Pentateuco” en la Biblia Católica, que se cumplieron en la antigüedad nunca hubieran ocurrido.
Así y mintiendo a su propia gente y a la de otros países quieren irse adueñando de voluntades ignorantes, de sus territorios y de los recursos naturales que contienen. La mentira y la sumisión son su estrategia fundamental, así vemos a miembros de iglesias pentecostales y evangélicas siguiéndolos ignorando, sin decoro ni vergüenza, las enseñanzas de Jesucristo. Al parecer, dejaron de creer en Él y en su Evangelio, para dar paso a las ideas del Antiguo Testamento que fueron superadas y realizadas todas en Jesucristo.
Usar la espiritualidad de las personas, es el acto mas vil y condenable del que se puede tener conocimiento. Me parece incluso peor, que los discursos de odio y de supremacía con que convencían a las juventudes Adolfo Hítler y sus secuaces.
Los ataques de Donald J. Trump al Papa León XIV y a la Iglesia Católica dentro de los Estados Unidos, no son sino signo claro de su filiación sionista y fascista; ha perdido toda la vergüenza y dignidad que se esperaría de un Jefe de Estado tan poderoso como él. Hace sin rubor, igual que sus cómplices criminales, afirmaciones falsas y llenas de mentiras y de posturas contrarias a cualquier principio democrático.
En México, el Estado en su conjunto, sigue sin reaccionar ante las “invasiones” aparentemente pacíficas de sionistas en Chiapas, Yucatán, Jalisco, Campeche y Quintana Roo. Siendo estos, sin contar a Tabasco, los estados con la mayor reserva de agua dulce, uranio y otros minerales, que son el verdadero objetivo del imperio sionista en formación.
El Estado Mexicano tiene la obligación de proteger su soberanía, desde evitar que Texas se adueñe de las islas del Río Bravo, hasta detener, a como de lugar, la invasión sionista por el sur. Aparentemente ni siquiera lo ha advertido, o…. ¿Será que está de acuerdo? Si así fuera, el Pueblo será capaz de responder.
La Presidenta de México, tiene tantos frentes que atender, que parecería que vive una guerra de desgaste por todo lados: los medios tradicionales, los pleitos en su partido, los ataques trumpistas, las amenazas texanas, las traiciones de gobernadores de Chihuahua, Jalisco y Nuevo León, la presión constante para que no se apoye a Cuba, los constantes rumores y mentiras que vierte la oposición y más. Todos ellos basados en el consejo del nefasto Alazraqui; miente, miente, miente, como estrategia política.
Si Sheinbaum acude al Pueblo para enfrentar a cada uno de estos frentes, obtendrá resultados positivos, pero tendrá que comprometerse más con las causas populares y de los trabajadores. Así se aparece el panorama.





