La guerra obliga a cientos de miles de yemeníes a huir, mientras los precios se disparan y los combates frenan la ayuda de la ONU.
Más de 300 mil personas tuvieron que abandonar sus casas por el conflicto en Yemen. La cifra la dio la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), agencia de la ONU.
Muchas de esas familias no encuentran dónde vivir. Además, no tienen dinero para cubrir sus necesidades más básicas. Las restricciones de acceso complican el trabajo de las organizaciones humanitarias, que no llegan a todos los que piden ayuda.
Los combates también cortaron el paso hacia las zonas cercanas a las ciudades. Por eso, los productos de primera necesidad se encarecieron de golpe. En Taiz, su precio se multiplicó entre tres y cinco veces. Así, muchas familias ya no pueden pagar ni los alimentos más básicos.
La crisis se agravó a mediados de julio. Entonces, fuerzas progubernamentales atacaron el aeropuerto de Saná justo cuando aterrizaba un avión procedente de Irán. A bordo viajaba una delegación de dirigentes de Ansarolá, el movimiento chií conocido como los hutíes.
Los hutíes controlan amplias zonas del norte y el oeste de Yemen desde septiembre de 2014. Culparon a Arabia Saudita del ataque y le declararon la guerra. Exigen que el reino levante el bloqueo sobre los territorios bajo su control.
En las últimas semanas, Ansarolá reforzó su ofensiva contra las fuerzas del Gobierno yemení. También aumentó sus ataques contra Arabia Saudita. Mientras los bandos siguen en guerra, miles de familias pagan el precio más alto.





