A raíz del anuncio de los coordinadores estatales de los Comités de Defensa de la Transformación de Morena, han resurgido los gritos de propios y extraños que acusan al partido de pecar de pragmatismo, carecer de principios, postular a gente de derecha, traicionar la transformación y comer quesadillas sin queso. Lo que no entienden quienes no entienden, es que en un verdadero movimiento de transformación izquierdista que constantemente se esfuerza por ser una parálisis de preservación derechista, la disciplina partidista y el cerrar filas es más importante que él pensamiento crítico.

No se dan cuenta de que no se dan cuenta que Morena hace un esfuerzo cuántico y metapolítico para garantizar la diversidad y pluralidad democrática nacional al abrir sus puertas al nepotismo y la supervivencia de grupos de poder; al incorporar entre sus candidatos y representantes populares a ex militantes —hasta hace media hora— del PRIANRD, antes que a sus propios militantes; al mantener su alianza con el PT y el Verde; o al postular candidatos asociados a NXIVM y otras joyas de la vida pública del país; para defender una transformación que no transforme nada.

Y es que Morena, también acusado de autoritario y totalitario, es en realidad un bastión de apertura ideológica, pluralidad y diversidad. Resulta paradójico, pero tanto en el Senado como los gobiernos estatales, donde Morena tiene una mayoría aplastantemente aplastante, el pasado político reciente de sus senadores y gobernadores no es arrolladoramente morenista, mucho menos de izquierda, un número significativo militaba en fuerzas impulsoras de políticas que ponían en primer lugar al capital privado y a los mercados internacionales como motores del desarrollo. Y entre los coordinadores estatales recientemente anunciados, la pluralidad es todavía más plural, ahí los morenistas no sólo no son una mayoría arrolladora, son una minoría casi insignificante, postrada ante una diversidad democrática de intereses neoliberales.

Entrados en gastos

No entender esto es no entender lo que las mentes más iluminadas de Morena y su Instituto Nacional de Formación Política llevan años exigiendo que entendamos, “un buen militante no necesariamente es buen funcionario”, el arte de gobernar no es necesariamente compatible con la convicción ideológica. Resulta urgente defender la soberanía de la nación, “tenemos que cerrar filas, disciplinarnos, entender que esto es una guerra”, y si hace falta aceptar en un Frente Amplio —si esto les recuerda el Pacto por México cometen una “estupidez del tamaño de una catedral”— gente del PAN, del PRI, y de lo quedó del PRD, que otrora entregaron la soberanía nacional, habría que aceptarlos para que defensivamente entreguen la soberanía nacional de forma patriótica.

  • Carlos Bortoni es escritor. Su último libro es Polvo, publicado por Casa Editorial Abismos.