En marzo de 2011, 715 medios respaldaron el pacto de silencio impulsado por el gobierno de Felipe Calderón. Televisa participó en el acuerdo con Emilio Azcárraga Jean y figuras de sus noticieros.
El 24 de marzo de 2011, 715 medios de comunicación firmaron un acuerdo para sumarse a la “estrategia” de silencio del gobierno de Felipe Calderón frente a la llamada guerra contra el narcotráfico. El pacto buscaba que los medios “autorregularan” sus contenidos y no cubrieran los estragos de la guerra contra el narcotráfico. Televisa participó en el acuerdo con Emilio Azcárraga Jean y figuras de sus noticieros.
Antes de la firma, Felipe Calderón ya había cuestionado públicamente la forma en que los medios informaban sobre la violencia generada por su guerra contra el narcotráfico. Durante una reunión con empresarios en Yucatán, el entonces presidente reprochó la importancia que se daba a los mensajes y acciones del crimen organizado: “Claro que si uno ve la prensa nacional, desde luego que la manta que dejan, además, en un pueblo, un recado de fulano para zutano… Lo que nos cuesta a cualquiera de ustedes o al gobierno pagar una primera plana de varios millones de pesos, eso sí aparece en primera plana y a todo color”.
Después, el 24 de marzo de 2011, 715 medios firmaron un acuerdo presentado como un compromiso para enfrentar la violencia y proteger a periodistas y ciudadanos. La iniciativa fue impulsada por Televisa y TV Azteca, con la presencia de sus propietarios, Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego. El pacto establecía diez reglas para la cobertura del crimen organizado y planteaba que los medios ya no debían dar a conocer la nota roja ocasionada por el narcotráfico.
Uno de los rostros de ese acuerdo fue Carlos Loret de Mola, entonces conductor de Televisa. Durante la ceremonia, Loret afirmó: “Los medios de comunicación aquí presentes, televisoras, grupos de radios, periódicos, revistas, portales de internet anunciamos que hemos llegado a un acuerdo para responder a esta situación que desprotege no solo a los periodistas, sino a la sociedad entera. Sin libertad de expresión no hay democracia”.
El llamado establecía, entre otros puntos, “tomar postura en contra” de la delincuencia organizada, no convertirse en “vocero involuntario” del crimen, dimensionar adecuadamente la información, atribuir responsabilidades, no prejuzgar culpables y proteger a víctimas y menores. También incluía un punto especialmente relevante: “No interferir en el combate a la delincuencia”. Así, el acuerdo marcó una línea editorial común para los medios que lo suscribieron en medio de la guerra contra el narcotráfico.
La participación de Televisa fue significativa por su alcance y por el peso de sus conductores en la opinión pública. Azcárraga y las principales figuras informativas de la empresa respaldaron un pacto de silencio ante una estrategia de seguridad absurda, que dejó miles de mexicanos asesinados, de la mano del ahora encarcelado en Estados Unidos, Genaro García Luna, por vínculos por el narcotráfico. A más de una década de distancia, aquel episodio sigue siendo algo incómodo para la televisora, y evita mencionarla a toda costa, con conductores, como Enrique Acevedo, despreciando el tema.





