Ricardo Salinas Pliego celebró la decisión de Abelardo de la Espriella de levantar la suspensión general de permisos para portar armas en Colombia y preguntó en redes si en México debería permitirse a los ciudadanos el portar armas.

El evasor fiscal Ricardo Salinas Pliego reaccionó en X a la decisión del presidente colombiano Abelardo de la Espriella de restablecer, a partir del 9 de septiembre, la validez de los permisos vigentes para el porte de armas de fuego. “¿Deberíamos en México poder defendernos contra los delincuentes?”, escribió, convirtiendo una discusión compleja sobre seguridad pública en una pregunta aparentemente sencilla: si los criminales están armados, ¿deberían estarlo también los ciudadanos?

El problema es que tener más armas no equivale automáticamente a tener más seguridad. La propia información presentada por De la Espriella revela la dimensión del problema: entre enero y septiembre de 2026 fueron incautadas 15 mil 700 armas de fuego, de las cuales 14 mil 179 estarían relacionadas con delitos. Frente a ese escenario, plantear el acceso ciudadano a las armas como una solución puede alimentar una lógica de confrontación en lugar de abordar las causas de la violencia.

El comentario de Salinas Pliego también resulta cuestionable porque simplifica una discusión que involucra regulación, capacidad policial, justicia, prevención y control de armas. Defender el derecho de una persona a protegerse puede ser un debate legítimo, pero presentarlo como una respuesta evidente ante la delincuencia omite los riesgos de que una mayor disponibilidad de armas termine incrementando accidentes, conflictos y violencia.

La postura de De la Espriella representa un giro en la política colombiana de porte de armas, aunque mantiene restricciones para permisos vencidos, cancelados o revocados y para armas prohibidas judicialmente. Salinas Pliego, al celebrar la medida y trasladar la pregunta a México, parece apostar por una respuesta mucho más elemental: armar al ciudadano frente al delincuente. La verdadera pregunta, sin embargo, es si una sociedad más armada necesariamente se convierte en una sociedad más segura.