El “atentado” contra Lilly Téllez en el año 2000 fue presentado durante años como un intento de asesinato relacionado con su trabajo periodístico; sin embargo, las características de los disparos, las circunstancias del ataque y las declaraciones posteriores de especialistas y políticos apuntan a que todo pudo formar parte de una simulación.

El 22 de junio de 2000, Lilly Téllez salió de las instalaciones de TV Azteca y fue “atacada” a balazos junto con sus escoltas. La escena fue presentada como un “intento de asesinato” contra una periodista que había realizado investigaciones incómodas sobre narcotráfico y funcionarios públicos. Sin embargo, con el paso de los años comenzó a tomar fuerza una versión completamente distinta: que aquel ataque no habría tenido como objetivo eliminarla, sino construir una escena de violencia que pudiera ser utilizada políticamente.

Una de las piezas más llamativas de esta hipótesis apareció años después, cuando el especialista en criminalística Ángel Gutiérrez Chávez calificó el episodio como un “atentado simulado” y señaló como elemento sospechoso la trayectoria de los disparos: según su análisis, éstos habrían sido realizados por encima de la cabeza de Téllez, mientras que las llantas del vehículo permanecieron intactas. Aquella lectura resulta relevante porque cuestiona un elemento básico de cualquier supuesto intento de asesinato: si realmente se pretendía impedir la huida o garantizar la muerte de los ocupantes, ¿por qué no inutilizar el automóvil o dirigir los disparos hacia las personas?

En retrospectiva, el contexto político tampoco puede ignorarse. El ataque ocurrió en medio de una intensa confrontación entre TV Azteca, autoridades capitalinas y distintos actores políticos. La hipótesis del autoatentado fue retomada incluso años después por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien reconoció que existía esa versión. Así, más que un caso cerrado, el episodio permanece como un atentado rodeado de interrogantes, donde la ausencia de una explicación pública definitiva sobre el autor intelectual permite que aquella hipótesis siga sobre la mesa: la de una agresión diseñada no necesariamente para matar a Lilly Téllez, sino para convertirla en víctima y utilizar políticamente el atentado.