El Departamento de Energía confirmó que la Reserva Estratégica de Petróleo estadounidense cayó a 289.7 millones de barriles. La guerra con Irán explica en buena parte este desplome histórico.

Estados Unidos enfrenta su menor nivel de reservas petroleras desde 1982. Los datos oficiales del Departamento de Energía confirman la cifra: 289.7 millones de barriles disponibles. Esta cantidad no se veía desde noviembre de aquel año, cuando la reserva apenas comenzaba a llenarse.

La caída más reciente representa una pérdida de 3.7 millones de barriles en solo una semana. Antes, el inventario se ubicaba en 293.4 millones de barriles. El descenso continuo refleja una estrategia deliberada del gobierno para enfrentar la crisis energética global.

Detrás de esta reducción está la guerra que Estados Unidos e Israel iniciaron contra Irán a finales de febrero. El conflicto interrumpió de forma severa los flujos petroleros mundiales. El golpe más fuerte llegó a través del estrecho de Ormuz, un punto clave para el comercio de crudo.

Ante esa escasez, Washington decidió liberar petróleo de su reserva estratégica para calmar los mercados internacionales. La medida forma parte de un plan mayor: entregar 172 millones de barriles como parte de un esfuerzo internacional coordinado. Esta cifra se alinea con compromisos más amplios de la Agencia Internacional de Energía.

La estrategia también persigue otro objetivo político importante. El gobierno busca mantener bajo el precio de la gasolina antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato. Actualmente, el litro de gasolina en Estados Unidos supera los cuatro dólares por galón.

En términos de capacidad total, la reserva cuenta con 714 millones de barriles autorizados. Es decir, el nivel actual representa apenas el 41% de ese máximo posible. Si continúan las liberaciones planeadas, el inventario podría bajar hasta 243 millones de barriles.

Vale la pena recordar un antecedente similar durante el gobierno de Joe Biden. En 2022, tras la invasión rusa a Ucrania, su administración liberó 180 millones de barriles. Aquella decisión llevó las reservas a un mínimo de 346.7 millones, cifra que generó fuertes críticas en su momento.

Ahora, algunos republicanos cuestionan el nuevo drenaje bajo la misma lógica que antes aplicaron contra Biden. Argumentan que este nivel tan bajo compromete la capacidad del país para responder a futuras crisis energéticas. Sin embargo, especialistas señalan que buena parte de los retiros históricos responden a ventas ordenadas por el Congreso.

Existe además una limitación técnica poco conocida sobre esta reserva. Según la Oficina de Responsabilidad Gubernamental, la capacidad real de extracción ronda los 2.7 millones de barriles diarios. Esta cifra queda por debajo de los 4.4 millones de barriles que el diseño original contemplaba.

Especialistas del sector coinciden en algo importante: la reserva cumplió su función durante esta crisis. Ayudó a moderar el impacto en los precios mientras el mundo enfrentaba una disrupción severa en el suministro. Aun así, advierten que esta ayuda temporal no debe confundirse con seguridad energética restaurada.

Si el estrecho de Ormuz recupera su normalidad, el proceso de reconstrucción de la reserva podría comenzar pronto. Llenar nuevamente 200 millones de barriles representaría una inversión considerable para el gobierno. Con el petróleo a 70 dólares el barril, esa cifra alcanzaría los 14,000 millones de dólares.