El legislador progresista derrotó al aliado de Trump, Ken Paxton, con una campaña enfocada en combatir la corrupción y reducir el costo de vida.
El demócrata James Talarico se impuso en la contienda por un escaño en el Senado de Estados Unidos por Texas, al derrotar al republicano Ken Paxton, fiscal general del estado y aliado del presidente Donald Trump.
El resultado representa un hecho histórico para el Partido Demócrata, pues sería su primera victoria en una elección senatorial en Texas desde 1988, luego de casi 40 años de dominio republicano en este tipo de contiendas. El triunfo también supone un revés para el bloque conservador en uno de los principales bastiones políticos de Trump.
Talarico, de 37 años, es legislador estatal, exprofesor y seminarista presbiteriano. Durante su campaña alcanzó notoriedad nacional con un discurso centrado en el combate a la corrupción y la reducción del costo de vida, dos temas que colocó como prioridades para conectar con los sectores afectados por las dificultades económicas.

El demócrata también se presentó como un cristiano progresista e incorporó referencias religiosas a sus mensajes. En lugar de plantear la contienda como una disputa entre izquierda y derecha, buscó colocar el debate entre quienes concentran la riqueza y el poder y la mayoría de la población. Además, acusó al 1 por ciento más rico de fomentar divisiones sociales para evitar que la ciudadanía cuestione sus privilegios.
La derrota de Paxton también estuvo marcada por las controversias que arrastraba el fiscal general y las divisiones dentro del Partido Republicano. Aunque recibió el respaldo de Trump durante las primarias, consiguió la candidatura tras imponerse al senador John Cornyn. Durante la campaña general, el aspirante republicano enfrentó cuestionamientos incluso de figuras destacadas de su propio partido.
La victoria proyectada de Talarico modifica el panorama político de Texas y representa un avance para los demócratas en un estado que Trump ha ganado en tres ocasiones. Su llegada al Senado marcaría el regreso del partido a una representación que no conseguía mediante una elección estatal desde hace casi cuatro décadas.





