La inflación en Estados Unidos subió al 3.7% interanual en septiembre, impulsada principalmente por el encarecimiento de la energía, en un revés económico para el presidente Donald Trump a pocas semanas de las elecciones legislativas del 3 de noviembre.
La inflación en Estados Unidos volvió a acelerarse en septiembre y alcanzó una tasa interanual del 3.7%, frente al 3.4% registrado en agosto. De acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales, el Índice de Precios al Consumidor aumentó 0.6 % durante el mes, por encima del 0.4 % previo y también de las previsiones de los analistas, que esperaban una inflación anual del 3.6%. Las cifras reflejan una presión creciente sobre el presupuesto de las familias estadounidenses.
El principal impulso provino del sector energético: el precio de la gasolina aumentó 9.1% en un solo mes, mientras que los costos de la energía acumularon un incremento superior al 20% en los últimos doce meses. El diésel registró un encarecimiento cercano al 75%, de acuerdo con los datos citados. Aunque la inflación subyacente —que excluye alimentos y energía— se ubicó en 2.6 % anual, el alza de los combustibles repercute en el transporte y la distribución de mercancías, con posibles efectos sobre otros precios.
El repunte también sacudió los mercados financieros. Tras conocerse el informe, el rendimiento del bono estadounidense a diez años subió al 5.32%, frente al 5.21% del cierre anterior. Mientras tanto, la Reserva Federal no tendría previsto acelerar su calendario de ajustes de tasas en su próxima reunión del 27 y 28 de octubre, aunque algunos participantes del mercado anticipan un posible aumento de 0.25 puntos porcentuales. La persistencia de los precios elevados complica las decisiones de política monetaria y mantiene la incertidumbre económica.
El deterioro del poder adquisitivo llega en un momento políticamente delicado para Donald Trump y el Partido Republicano, que se juegan el control del Congreso en las elecciones del 3 de noviembre. El encarecimiento de la energía está relacionado, según la información citada, con las consecuencias de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y las alteraciones del comercio petrolero, incluido el cierre del estrecho de Ormuz.
Para la Casa Blanca, el desafío es explicar cómo responderá a una presión inflacionaria que afecta directamente a los consumidores; para los ciudadanos, la cuestión inmediata es cuánto más tendrán que pagar para cubrir sus necesidades cotidianas.





