Los ataques de la Guardia Revolucionaria de Irán encarecen el transporte marítimo y frenan el plan de Washington para mover millones de barriles por el estrecho.
Estados Unidos asegura que el estrecho de Ormuz sigue abierto, pero los datos cuentan otra historia, según The Wall Street Journal. El flujo de petróleo se hunde mientras Irán intensifica sus ataques en la zona.
Washington intenta mover millones de barriles por esa ruta. Ese esfuerzo pierde fuerza porque los ataques del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) asustan a las navieras y complican cada viaje.
El golpe más duro llega al bolsillo. Los dueños de buques cobran ahora 1,3 millones de dólares al día por transportar petróleo. Antes de la guerra, esa tarifa era de 50 mil dólares. Es decir, el precio se multiplicó por 26.
Además, el estrecho no es una ruta cualquiera. En tiempos normales, por allí pasa cerca de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado del mundo. Por eso, cualquier tropiezo se siente en los mercados de todo el planeta.
Mientras tanto, las cifras oficiales de Washington y las de los rastreadores independientes no coinciden. Detrás de cada número hay tripulaciones que navegan bajo amenaza y empresas que dudan antes de zarpar.





