El secretario de Estado, Marco Rubio, negó que Estados Unidos participara directamente en la salida de Flávio Bolsonaro de Brasil, aunque reconoció que Donald Trump autorizó su entrada al país. El episodio contrasta con el respaldo político de Trump al bolsonarismo y sus posteriores cuestionamientos al proceso electoral brasileño.

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, negó que Washington interviniera directamente en la salida de Flávio Bolsonaro de Brasil, tras su derrota electoral. Sin embargo, reconoció que el político ya tenía una visa y que Donald Trump tomó la decisión de permitirle ingresar a Estados Unidos. La declaración busca deslindar al gobierno estadounidense de la operación, aunque confirma que Trump tuvo un papel en su admisión.

El caso resulta especialmente significativo por el respaldo político que Trump ha brindado al bolsonarismo. El mandatario estadounidense ha utilizado su influencia para defender a figuras de esa corriente y cuestionar procesos políticos en Brasil. Ahora, mientras Rubio niega una intervención directa, la decisión de abrirle las puertas a Bolsonaro plantea preguntas sobre los límites entre una decisión migratoria y el apoyo político a un aliado ideológico.

El contraste también remite a las críticas de Trump contra las elecciones brasileñas y sus cuestionamientos al proceso democrático del país. Resulta difícil ignorar la contradicción de poner en duda las instituciones electorales brasileñas y, al mismo tiempo, ofrecer entrada a Estados Unidos a un político derrotado en las urnas. Aunque permitirle ingresar no demuestra por sí solo que Washington organizara su salida, sí evidencia el respaldo político que puede recibir de la administración estadounidense.

La controversia también involucra a Argentina: el gobierno brasileño convocó a su encargada de negocios para pedir explicaciones sobre la presunta ayuda de la administración de Javier Milei en el traslado de Bolsonaro por territorio argentino, mientras Buenos Aires negó esa participación. Entre las negativas oficiales y los vínculos políticos, siguen pendientes explicaciones claras sobre cómo salió de Brasil y qué apoyos recibió durante el trayecto.