El mandatario argentino calificó a los sectores que desafían a su gobierno como “enemigos internos” y reivindicó el fortalecimiento de las fuerzas de seguridad, en una postura que organizaciones y sectores opositores consideran una amenaza contra la protesta social.
El presidente de Argentina, Javier Milei, elevó el tono contra quienes cuestionan su gobierno al advertir que las fuerzas de seguridad deben contar con las herramientas necesarias para actuar contra quienes, según él, “eligen el mal”. Durante un homenaje al general José de San Martín, sostuvo que “el mal existe” y debe ser sometido por la fuerza, un mensaje que vuelve a colocar a la protesta social en el centro de su estrategia política.
Milei aseguró que la libertad enfrenta actualmente “enemigos internos y externos” y defendió una mayor preparación y equipamiento para policías y militares. Bajo el argumento de combatir el crimen y el terrorismo, el mandatario planteó utilizar “toda la fuerza pública” contra quienes considere que amenazan el orden, una postura que genera preocupación por el posible uso de la seguridad estatal para reprimir la disidencia y las movilizaciones.

El discurso ocurre mientras su administración impulsa un mayor gasto en armamento y tecnología militar, principalmente mediante adquisiciones a Israel, al tiempo que estrecha su cooperación en materia de seguridad con Estados Unidos. Milei también llamó a reforzar las fronteras y a redefinir las alianzas geopolíticas de Argentina, en línea con su política exterior de acercamiento a Washington y Tel Aviv.
La retórica presidencial ha provocado cuestionamientos porque equiparar a sectores sociales inconformes con “enemigos internos” puede criminalizar la protesta y convertir el desacuerdo político en un asunto de seguridad. En lugar de atender las demandas sociales mediante el diálogo, Milei apuesta por una narrativa de confrontación que presenta a sus críticos como una amenaza que debe ser contenida.
El homenaje a San Martín también fue utilizado como escenario para reforzar la llamada “batalla cultural” del gobierno, con críticas a instituciones públicas, educativas y culturales. La defensa de un aparato de seguridad cada vez más fortalecido, sumada a un discurso que reivindica la fuerza contra quienes desafían al poder, alimenta las críticas de quienes advierten sobre una deriva autoritaria y represiva en Argentina.





