El candidato presidencial brasileño reivindicó a su padre, atacó a Lula y presumió ser el único capaz de negociar con Estados Unidos, China, Israel y otras potencias.

Flávio Bolsonaro arrancó oficialmente su campaña presidencial en Brasil con un acto en Copacabana, Río de Janeiro, donde dejó claro que su proyecto busca mantener la línea política de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro. El detalle que llamó especialmente la atención fue la presencia de banderas de Estados Unidos entre sus simpatizantes, en un momento de tensión entre Brasil y Washington.

Vestido con los colores de la bandera brasileña y con chaleco antibalas, Flávio reprodujo la estética de las campañas de su padre y presumió su cercanía con distintas potencias. “Soy el único que puede sentarse con Estados Unidos, con China, con Israel, con Medio Oriente, India y Argentina”, afirmó, al prometer acuerdos comerciales para Brasil.

El gesto hacia Estados Unidos no es menor. El bolsonarismo mantiene una histórica cercanía con sectores de la derecha estadounidense, por lo que las banderas de Washington en el primer acto de campaña parecen funcionar como una declaración política y de alineamiento internacional. Flávio busca presentarse como el candidato capaz de reconstruir los vínculos con la potencia norteamericana.

El senador también lanzó fuertes ataques contra el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, a quien responsabilizó de problemas económicos, inseguridad y corrupción. Aseguró que Brasil perdió soberanía y prometió endurecer las medidas contra organizaciones criminales, además de clasificar como terroristas a las milicias y grupos como PCC y Comando Vermelho.

Flávio reivindicó abiertamente el legado de su padre, quien actualmente cumple prisión domiciliaria tras ser condenado a 27 años y tres meses por su participación en la trama golpista de 2022. “Sé que me parezco a él”, dijo el candidato, antes de recurrir a una comparación futbolera: “es difícil comparar al hijo de Pelé con Pelé”.

Con este arranque, Flávio dejó una postal bastante clara de su campaña: banderas de Estados Unidos, discurso de mano dura, reivindicación de Bolsonaro y ataques contra Lula. El mensaje parece buscar no solo votos en Brasil, sino también dejar claro a quién quiere tener de aliado si llega al Palacio de Planalto.