Con dinero baila el perro ¿Por qué? Porque en una economía de mercado el único valor es el monetario, el poder económico ante el cual todo se doblega, se postra, se rinde. En el capitalismo tardío no tiene sentido hablar de aquello de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. No. En el capitalismo tardío se da todo al mercado, porque todo pertenece al mercado, todo tiene un precio y todo se puede comprar. Incluso, los valores familiares, que digo incluso, ¡sobre todo, los valores familiares! Si alguien sabe de lo que estoy hablando, es esa caterva de comentócratas y opinadores profesionales que opinan porque pueden opinar, que opinan porque han puesto precio a su opinión y la subarrendan al mejor postor.

Muestra de esta sabia sabiduría que sabe que sabe, es lo dicho por la siempre pulcra y jamás becada, aunque pensionada, María Amparo Casar, en un afortunado tropiezo dentro del programa Tolerancia Cero de TV Azteca. Sabiduría que a algunos, incluida la presidenta, puede parecerles burda y migajera. Casar sostuvo como lo sostiene quien no sostiene nada, que; antropológicamente, el reparto de becas como jóvenes construyendo el futuro, tiene el efecto de que los hijos tengan más dinero que los padres y eso empieza a disolver los valores familiares.

Y es que, seamos claros, una sociedad donde la autoridad no está supeditada al dominio económico, una sociedad en la que el respeto no depende de la dependencia económica, una sociedad en la que la violencia no se impone (también) en lo económico, una sociedad en la que los valores no son los valores del mercado, donde quien tiene más dinero no está por encima de los demás, es una lamentable y totalitaria sociedad comunista en la que no vale la pena vivir. Porque vivir con valores que no descansan sobre la base del libre mercado, el consumismo y el poder económico, no es vivir.

Entrados en gastos

Podrán decir lo que quieran de la tradición, la reciprocidad, o la redistribución. Podrán lanzar loas sobre la necesidad de preservar los vínculos y lazos familiares y sociales. Podrán aplaudir el cuidado, la generosidad, el bien común y la dignidad,  pero todo ello solo sirve para promocionar pueblos mágicos y explotar la nostalgia como disparador del consumo. Una sociedad debe regirse por la generación de intercambios de bienes y servicios, no por la memoria que arrastra detrás de ella. Deseo material, consumo y acumulación son la piedra angular de nuestras vidas, no el cuidado del entorno y la confianza mutua. Una ética no mercantil, preocupada por lo justo y aquello por lo que no puede pagarse, es una ética que nos condena al lastre de depender del otro sólo porque en el otro hemos depositado nuestros afectos.

  • Carlos Bortoni es escritor. Su último libro es Polvo, publicado por Casa Editorial Abismos.