Documentos desclasificados revelan que la agencia estadunidense infiltró organizaciones estudiantiles y mantuvo vínculos con mandos de seguridad mexicanos en los años previos al 2 de octubre de 1968.

A 58 años de la masacre de Tlatelolco, documentos oficiales desclasificados de Estados Unidos revelan que la CIA financió y operó con agrupaciones estudiantiles de derecha en México, además de mantener vínculos con funcionarios de seguridad del gobierno mexicano durante las décadas previas a la represión estudiantil.

Una investigación del National Security Archive señala que la agencia estadounidense desarrolló al menos cinco proyectos durante dos décadas para influir y controlar el liderazgo estudiantil en universidades mexicanas. Entre sus objetivos estuvieron el PRI, la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos (FNET), el IPN y grupos como el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO).

De acuerdo con documentos analizados por investigadores del Archive, la CIA utilizó al Instituto de Investigaciones Sociales y Económicas (IISE) como organización fachada para financiar publicaciones anticomunistas y apoyar al MURO. La agrupación llegó a contar con alrededor de 200 integrantes identificados como grupos de choque, que realizaron campañas contra organizaciones comunistas y de izquierda en universidades de distintos estados.

Los documentos también exhiben los vínculos de la agencia con Fernando Gutiérrez Barrios y Miguel Nazar Haro, figuras centrales de la Dirección Federal de Seguridad (DFS). La CIA incluso habría financiado en 1965 la capacitación de Nazar Haro en la Academia Internacional de Policía. Sin embargo, varios pasajes sobre sus operaciones contra estudiantes antes de Tlatelolco continúan censurados.

Una evaluación interna de la propia CIA llegó a cuestionar el respaldo al MURO por considerar que estaba empoderando a actores violentos y profundizando la polarización política. Investigadores del National Security Archive advierten que, en el mejor de los casos, la agencia contribuyó a esa polarización y, en el peor, pudo haber tenido un papel más directo en la violencia de Tlatelolco. Por ello, el organismo exigió a la CIA publicar sin censura su historia de operaciones en México.