La dictadura de Augusto Pinochet duró 17 años y dejó una profunda herida en Chile, mientras organizaciones sociales y sindicales reivindican la memoria, la democracia y el “Nunca Más”.

Este 11 de septiembre se cumplen 53 años del golpe de Estado en Chile que derrocó al presidente Salvador Allende y abrió paso a la dictadura de Augusto Pinochet. Allende había llegado al poder en 1970 mediante las urnas y emprendió reformas como la nacionalización del cobre y la profundización de la reforma agraria, convirtiéndose en un referente de la izquierda latinoamericana.

Pero el proyecto de Allende chocó frontalmente con los intereses de Estados Unidos, que durante la administración de Richard Nixon impulsó acciones para impedir la consolidación de su gobierno.

Documentos desclasificados han dejado constancia del financiamiento estadounidense a sectores opositores y de las operaciones de la CIA destinadas a desestabilizar al gobierno chileno. Washington no quería que el experimento socialista por la vía electoral se convirtiera en un ejemplo para el resto del continente.

El 11 de septiembre de 1973, las Fuerzas Armadas encabezadas por Pinochet bombardearon el Palacio de La Moneda. Allende murió ese mismo día y comenzó un régimen que durante 17 años persiguió a opositores, clausuró el Congreso y restringió libertades, además de cometer graves violaciones a los derechos humanos. El golpe no fue únicamente una tragedia chilena: se convirtió en uno de los episodios más crudos de la Guerra Fría en América Latina, con Washington respaldando a dictaduras que funcionaran como muro contra la izquierda.

A 53 años, organizaciones como la ANEF y la CLATE volvieron a rendir homenaje a las víctimas. En el Estadio Nacional, dirigentes colocaron una ofrenda floral frente al Memorial de los Trabajadores y Trabajadoras de los Cordones Industriales, mientras exigieron defender la memoria, verdad, justicia y derechos humanos. También participaron en movilizaciones hacia el Cementerio General de Santiago.

La historia, sin embargo, sigue siendo incómoda para quienes quisieran archivarla. Estados Unidos intervino para frenar por la fuerza un proyecto que había llegado al gobierno mediante votos, y el resultado fue una dictadura que dejó miles de víctimas. Hoy, recordar a Allende no significa vivir en el pasado: significa recordar lo que ocurre cuando una potencia extranjera, las élites y los militares deciden que las urnas dejan de servirles.