American Society of México (AmSoc) es una organización privada vinculada históricamente con la comunidad estadounidense y con la relación empresarial y bilateral entre México y Estados Unidos. No es el gobierno de Estados Unidos ni representa la voluntad de los mexicanos.

Por eso llama la atención que desde ese espacio se diga que “no les gusta nada” una propuesta mexicana relacionada con la doble nacionalidad de quienes aspiren a la Presidencia. ¿Perdón?

En México podemos discutir, debatir, cuestionar y hasta estar en desacuerdo entre nosotros, ese llama democracia pero las reglas para ocupar la Presidencia de México corresponden a los mexicanos, a mexicanas y a nuestras instituciones.

La iniciativa impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum plantea reformar la Constitución para establecer que quienes aspiren a la Presidencia de la República, una gubernatura o la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México no puedan tener otra nacionalidad además de la mexicana. La propuesta busca establecer esta condición específicamente para quienes pretendan ocupar esos cargos de máxima responsabilidad pública.

¿Qué pasa con la soberanía de México cuando quien aspira a gobernarlo mantiene también una nacionalidad que puede generar obligaciones, intereses o vínculos jurídicos con otro Estado?

Nadie está diciendo o proponiendo que una persona deje de ser mexicana por tener doble nacionalidad. El punto es otro, ocupar la Presidencia de México no es lo mismo que tener derecho a votar, viajar o vivir donde uno quiera. Quien pretende conducir al Estado mexicano debe responder, antes que nada, ante México y ante los mexicanos.

Y aquí hay una cuestión de fondo que no deberíamos perder de vista, cuando quien aspira a gobernar México conserva también la nacionalidad de otro país, es legítimo discutir qué implicaciones podría tener eso frente a conflictos de intereses, obligaciones jurídicas o decisiones en las que estén involucrados los intereses de ambas naciones.

Eso no significa acusar de deslealtad a nadie por tener doble nacionalidad. Significa algo mucho más sencillo, la Presidencia de México merece reglas claras sobre dónde está la primera lealtad constitucional de quien pretende ejercerla.

Estados Unidos es nuestro vecino, nuestro socio comercial y un país con el que México tiene una relación inevitablemente estrecha, pero precisamente por eso necesitamos una relación entre países soberanos, no una relación de subordinación.

El reclamo y la preocupación del presidente de la American Society of México y representante del Partido Republicano en México, Larry Rubin, me parece bastante bizarra, su opinión es como si viéramos una Harley Davidson en un cuadro del Grecco, está totalmente fuera de lugar

¿Desde cuándo una organización privada estadounidense tiene que aprobar las reglas con las que los mexicanos decidimos quién puede gobernar México?

México no necesita permiso de Washington, de una organización empresarial ni de ningún grupo extranjero para decidir sus propias reglas.

Porque la soberanía no consiste en preguntarle al vecino si está de acuerdo, consiste en poder decir, esta decisión la tomamos nosotros.

Les mando un abrazo fraterno.