A menos de dos semanas de asumir la Presidencia, Abelardo de la Espriella apareció en su primera alocución nacional para advertir que “vienen tiempos muy difíciles” y que los colombianos tendrán que hacer sacrificios, en un mensaje que proyecta más derrota y desesperanza que liderazgo frente a la emergencia provocada por el terremoto.

Con apenas unos días en la Casa de Nariño, De la Espriella ya parece hablar como si estuviera administrando las ruinas de un gobierno derrotado. “Se nos vienen tiempos muy difíciles. Habrá que hacer sacrificios. Será muy duro lo que se viene”, advirtió el mandatario de Colombia, mientras prepara un nuevo Estado de Emergencia Económica para enfrentar una crisis que dejó 289 muertos, 4 mil 187 heridos y 143 desaparecidos.

El panorama es devastador, pero precisamente por eso resulta cuestionable que el primer gran mensaje presidencial sea prácticamente un aviso de que vienen tiempos peores. El Gobierno calcula pérdidas cercanas a 30 billones de pesos y reporta 128 mil viviendas destruidas, 185 centros de salud colapsados y 2 mil 238 establecimientos educativos afectados. Para responder, De la Espriella anunció un crédito de 200 millones de dólares del Banco Mundial y prometió iniciar la reconstrucción de 450 municipios.

El presidente también aseguró que puso en marcha el llamado “Plan Milagro de Vivienda” para entregar casas a las familias que lo perdieron todo. Sin embargo, su discurso vuelve a dejar una pregunta incómoda: si apenas lleva días gobernando y ya habla de sacrificios, dificultades y de “lo muy duro que se viene, ¿dónde quedó la promesa de que estaba preparado para conducir al país precisamente en momentos como este?

La emergencia exige liderazgo, coordinación y certezas, no un presidente que parezca anticipar la derrota antes de comenzar la reconstrucción. Mientras cientos de miles de colombianos necesitan respuestas concretas, De la Espriella tiene una oportunidad inmediata para demostrar si sus promesas de campaña eran algo más que discurso. Porque Colombia no necesita que desde la Presidencia le expliquen que la situación es difícil; necesita un gobierno capaz de convencerla de que existe una salida.