En 17 minutos y por Zoom, el Patronato aprobó ocho vehículos para funcionarios; los estudiantes, en paro, llevan más de un año sin biblioteca y sin baños dignos.
En la UAM no hay dinero para bibliotecas, baños ni espacios donde estudiar y comer, pero sí para estrenar flotilla de autos. Las cinco unidades (Azcapotzalco, Cuajimalpa, Iztapalapa, Xochimilco y Lerma) cumplen 10 días en paro, y el rector Gustavo Pacheco López sigue sin decir una palabra.
Los documentos del Patronato, a los que tuvo acceso Milenio, muestran que en abril se autorizaron 10 vehículos por 7 millones 509 mil 90 pesos. El 15 de abril se aprobaron dos. Ocho días después, una sesión extraordinaria por Zoom, que duró apenas 17 minutos, autorizó otras ocho solicitudes por más de 6.2 millones de pesos. Es decir, la universidad resolvió en breve tiempo una compra que a los alumnos les parece un insulto.
Seis de esos vehículos son para la rectoría general y costarían entre 799 mil y 959 mil pesos cada uno. Las actas no precisan marcas, pero integrantes de la comunidad universitaria, que pidieron reservar su nombre, aseguran que son cuatro Teslas y dos camionetas Volvo. Todo ocurrió después de que, el 9 de marzo, el propio rector emitiera un acuerdo que fijó topes de hasta unos 980 mil pesos para el auto eléctrico de los altos mandos. Primero se hizo la regla, y 45 días después llegaron las compras.
Hay más. Ese acuerdo permite que los funcionarios se queden con el vehículo asignado si cumplieron al menos 36 meses en el cargo y el auto tiene 30 meses de uso y 50 mil kilómetros. Los inconformes también denuncian que los autos institucionales se usan para traslados personales, fines de semana y vacaciones.
Mientras tanto, los estudiantes piden lo elemental. En Iztapalapa, la biblioteca lleva más de un año sin servicio, y los alumnos describen baños y espacios de estudio y alimentación en mal estado. A ello se suman la contratación temporal de profesores y la falta de recursos para docencia e investigación. A los estudiantes, profesores e investigadores se les responde que no hay presupuesto.
Hugo Aboites, profesor de la UAM y especialista en educación, calificó la compra como “una respuesta simbólica muy dura” sobre las prioridades de la institución. “No parece que la prioridad sea la formación de los estudiantes, sino el bienestar de la alta burocracia universitaria”, afirmó. Por ahora, la universidad no ha dado explicaciones públicas.





