Donald Trump canceló la transmisión en vivo de la ejecución de Nidal Hasan, después de la indignación que provocó la propuesta del secretario de Defensa, Pete Hegseth. La idea de convertir una ejecución en espectáculo público estaba mal desde el principio y generó rechazo de sectores políticos, organizaciones de derechos humanos y representantes religiosos.
El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció que la ejecución de Nidal Hasan, prevista para el 3 de diciembre mediante un pelotón de fusilamiento, no será transmitida en directo. La decisión revierte la propuesta impulsada por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, que había desatado una ola de críticas dentro y fuera de Estados Unidos. Trump confirmó que la ejecución seguirá adelante en Fort Hood, Texas, y que los familiares directos de las víctimas podrán presenciarla si así lo desean.
La propuesta de transmitir la muerte de Hasan estaba mal desde un principio: convertir una ejecución en contenido para el consumo masivo desdibuja la diferencia entre impartir justicia y organizar un espectáculo de violencia. La indignación fue compartida por legisladores demócratas y republicanos, grupos de derechos humanos, representantes de la Iglesia católica y Naciones Unidas. El rechazo evidencia la gravedad de normalizar la exhibición pública de una muerte como instrumento de propaganda o advertencia.
Sin embargo, Trump dejó claro que no se oponía personalmente a la transmisión. En su plataforma Truth Social sostuvo que mostrar la ejecución podría servir como elemento disuasorio y describió a Hasan con insultos. Esa postura alimenta la controversia: presentar una muerte como demostración de fuerza no sustituye una política de justicia ni garantiza que se prevengan nuevos crímenes. La decisión de cancelar la transmisión evita que el Estado convierta el acto en un espectáculo televisado, pero no borra el respaldo presidencial inicial a la idea.
Hasan, psiquiatra del Ejército con rango de mayor, asesinó a 13 personas durante el tiroteo del 5 de noviembre de 2009 en Fort Hood, además de dejar decenas de heridos. Su crimen fue devastador y las víctimas y sus familias merecen justicia, reconocimiento y respeto. Precisamente por la gravedad de aquellos hechos, la respuesta institucional debería centrarse en la rendición de cuentas y la dignidad de las víctimas, no en explotar la ejecución como espectáculo: la justicia no necesita convertirse en entretenimiento para demostrar su autoridad.





