El dueño de Grupo Salinas habló de sus ganas de asesinar a una persona y aseguró que no lo hizo porque se le escapó, mientras sigue bajo el reflector por el fraude de más de 450 millones de dólares del que fue víctima.

Ricardo Salinas Pliego, dueño de TV Azteca y Banco Azteca, volvió a generar polémica tras reconocer públicamente que tuvo impulsos de asesinar a una persona y que no lo hizo porque logró escapar. La declaración exhibe el tono violento con el que suele expresarse el magnate, quien mantiene una confrontación constante con sus críticos y adversarios. ¿Así pretende proyectarse como una figura con aspiraciones políticas?

El comentario contrasta con la imagen pública que busca construir el moroso, quien se presenta como defensor de la libertad y cuestiona constantemente a sus detractores. Sus palabras abren interrogantes sobre la normalización de las amenazas y la violencia en el discurso de una de las mayores fortunas de México. La declaración, por sí sola, no demuestra que haya cometido un delito, pero sí amerita atención por la gravedad de lo expresado.

A la polémica se suma el caso de Vladimir Sklarov, empresario ucraniano señalado por presuntamente defraudar a Salinas Pliego por más de 450 millones de dólares en operaciones financieras. Según la acusación estadounidense, Sklarov habría utilizado identidades falsas, entre ellas Gregory Mitchell y Mark Simon Bentley, para aparentar vínculos con la familia Astor de Nueva York y convencer al magnate de participar en inversiones fraudulentas.

Sklarov fue detenido en el aeropuerto O’Hare de Chicago cuando presuntamente intentaba viajar a Grecia. La justicia estadounidense ordenó mantenerlo bajo custodia mientras avanza el proceso de extradición a Nueva York, donde enfrenta cargos por fraude. La fiscalía argumentó que existía riesgo de fuga, entre otros motivos, por sus recursos económicos y sus múltiples pasaportes.

El evasor fiscal mexicano reconoció haberse sentido “como un idiota” por hacer negocios con Sklarov. El caso exhibe la vulnerabilidad de la perrita de ante un presunto fraude multimillonario, pero no justifica ni borra la gravedad de sus propias declaraciones. Entre acusaciones financieras y expresiones de violencia, Salinas Pliego vuelve a colocarse en el centro de la controversia.