El presidente argentino evitó felicitar al mandatario brasileño tras su victoria electoral y encabezó una reunión de gabinete en la que insistió en mantener intacto su programa económico ultraliberal.

El presidente de Argentina, Javier Milei, continúa sin pronunciarse públicamente sobre el triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, luego de que su aliado político Flávio Bolsonaro fuera derrotado en la segunda vuelta presidencial. Mientras el progresismo brasileño celebra el resultado, el mandatario argentino parece haberse quedado sin palabras para felicitar al vencedor.

La ausencia de un mensaje oficial contrasta con el respaldo que Milei ha expresado a sectores de la derecha latinoamericana. La derrota de Bolsonaro representa un revés para ese bloque político, que buscaba mantener influencia en Brasil, una de las economías más importantes de la región. Por ahora, desde la Casa Rosada no se ha informado de una felicitación de Milei a Lula.

Este lunes, el mandatario argentino encabezó una reunión de gabinete en la sede presidencial, donde ratificó que su administración no modificará su rumbo ideológico. “No vamos a corrernos ni un milímetro de las ideas de la libertad”, sostuvo, en una declaración que reafirma su apuesta por el programa ultraliberal que ha impulsado desde su llegada al poder.

Mientras Lula celebra una victoria que fortalece a las fuerzas progresistas latinoamericanas, Milei optó por concentrarse en la agenda interna y protagonizó una aparición en el balcón de la Casa Rosada. En redes sociales, la escena fue descrita con la expresión juvenil “farmear aura”, utilizada para ironizar sobre quienes buscan proyectar una imagen de poder o protagonismo sin necesidad de decir demasiado.

La reunión de gabinete también estuvo marcada por la ausencia de la senadora Patricia Bullrich, quien ha mostrado diferencias con el mandatario en temas como sus críticas al periodismo y la rigidez del modelo económico. Su falta añadió otro elemento de atención a una jornada en la que Milei buscó reafirmar su autoridad mientras el panorama político regional le daba una mala noticia.

El silencio frente a Lula y el tropiezo electoral de su aliado dejan una postal incómoda para el presidente argentino: la derecha perdió una batalla clave en Brasil y su principal defensor en Buenos Aires todavía no encuentra cómo reaccionar públicamente.