Periodistas y activistas pro-Palestina enfrentan suspensiones, bloqueos y menor alcance en Instagram y Facebook. Un informe documenta miles de casos y habla de borrado digital sistemático.

Faten Elwan siente que ya no existe en la red. Esta periodista de Jerusalén tiene más de 300 mil seguidores en Instagram. Antes sus publicaciones sobre Palestina alcanzaban a mucha gente. Ahora solo reciben unos cientos de vistas.

Ella cree que Meta la ha dejado en la sombra. La empresa aplica un método que reduce la visibilidad sin avisar. La gente le dice que solo la encuentra si busca su nombre exacto. Si no lo hace, ella desaparece.

Su cuenta sufrió la primera suspensión a finales de 2023. Desde entonces Meta la ha bajado ocho veces. En abril de 2026 la reactivaron de golpe. Su primera historia sobre un paseo junto al mar llegó a 30 mil vistas. Una hora después las siguientes apenas superaban unos cientos.

Elwan se reunió con representantes de Meta en mayo de 2025. Les contó su caso y mostró ejemplos. Según ella, no hubo reacción. Solo escucharon y no se comprometieron a nada. Ella compara a Meta con un director de escuela que castiga y calla al alumno molesto, pero a escala mundial.

Un informe reciente pone cifras a este problema. La organización palestina 7amleh y la Universidad de Utrecht analizaron 3 mil 520 casos verificados de violaciones de derechos digitales. El estudio se titula “Platformicide of Palestine 2021-2025”. Los autores crearon la palabra “platformicidio” para describir el borrado estructural de la presencia digital palestina.

Fabio Cristiano, investigador principal, asegura que no se trata de errores aislados. Es una práctica intencional. Combina reglas demasiado amplias, sanciones desproporcionadas, cambios de política repentinos y algoritmos que bajan el alcance. También incluye demoras en restaurar cuentas y poca comunicación con los usuarios.

Solo el 32,5 % de los casos tenía una violación clara de normas. En la mayoría Meta no dio explicación. Cuando sí lo hizo, usó casi siempre la política de Organizaciones e Individuos Peligrosos. Esa regla se aplicó en más de la mitad de los casos identificados y en más del 70 % entre periodistas.

Las consecuencias llegan directo a quienes informan desde Gaza. Las cuentas son su principal canal para mostrar lo que ocurre. Las suspensiones, los bloqueos de transmisiones en vivo y las eliminaciones de contenido dificultan que el mundo vea la realidad.

Maisoon Zoubi, especialista en medios, habla de un efecto de miedo. Muchos periodistas se autocensuran. Evitan publicar ciertas imágenes o reportes porque temen denuncias o sanciones. Yousef Abu Watfa, editor de Quds News Network, cuenta que Meta restringe su trabajo desde 2015. Durante la guerra la página de Facebook desapareció por completo. Solo sobrevivió la cuenta de Instagram en árabe.

Meta respondió que ha hecho cambios. Señaló informes de derechos humanos anteriores y ajustes en su política para permitir más debate político. También dijo que envía contenido marcado a moderadores que entienden mejor el árabe.

Sin embargo, 7amleh envió casi 2.800 apelaciones en cinco años. Casi la mitad no recibió respuesta. Lama Nazeeh, de la organización, pregunta si el programa de socios de confianza protege a los usuarios palestinos o solo a la imagen de Meta.

Cristiano pide una moderación mejor, no menor. Una que no trate el contenido palestino como algo excepcional o peligroso. Nazeeh va más lejos. Dice que el derecho de un pueblo a documentar su existencia no puede depender de la decisión de una sola empresa.