Manuel Velasco reconoció que varios senadores del Verde tienen doble nacionalidad y que no todos respaldarán la propuesta, pese a que el partido forma parte de la mayoría oficialista en el Congreso.
La reforma impulsada por Claudia Sheinbaum para impedir que candidatos a la Presidencia y otros cargos tengan doble nacionalidad encontró un inesperado freno: el Partido Verde Ecologista de México (PVEM). Su coordinador en el Senado, Manuel Velasco, admitió que dentro de su bancada hay legisladores con ese estatus y que sus votos no están garantizados.
El reconocimiento vuelve a poner al Verde en el centro de la negociación política. Aunque el partido se presenta como aliado de Morena y participa en la mayoría legislativa, una vez más condiciona su respaldo cuando una reforma puede tocar intereses de sus propios integrantes. Para aprobar cambios constitucionales se requiere mayoría calificada y los votos del PVEM son prácticamente indispensables.
Velasco aseguró que la mayoría de los senadores verdes está dispuesta a respaldar la minuta, pero reconoció que otros tienen “inquietudes” y podrían no acompañarla. El argumento exhibe una contradicción: el partido pretende mantener su alianza con la 4T mientras reserva sus votos para negociar, como ya ocurrió con otras reformas promovidas desde el oficialismo.

No es la primera ocasión. El PVEM ya se desmarcó de propuestas impulsadas por Morena en materia de nepotismo, reelección legislativa y reformas electorales. Ahora vuelve a colocar sus votos en la balanza justo cuando la iniciativa avanza en la Cámara de Diputados. En San Lázaro, la Comisión de Puntos Constitucionales aprobó el dictamen con 26 votos a favor y cinco en contra.
La propuesta establece que quienes aspiren a la Presidencia, gubernaturas o la Jefatura de Gobierno de Ciudad de México no tengan ni adquieran otra nacionalidad y, si cuentan con ella, renuncien antes de solicitar su registro. El cambio comenzaría a aplicarse a partir del proceso electoral de 2028.
Mientras la reforma avanza, el Verde vuelve a demostrar que su alianza con Morena tiene límites cuando sus intereses están de por medio. La pregunta ahora es si sus senadores respaldarán una reforma constitucional que ya avanzó en comisiones o si el partido utilizará nuevamente sus votos como ficha de negociación, dejando en evidencia que su prioridad no siempre coincide con la agenda que dice acompañar.





