El presidente brasileño prometió garantizar los recursos para concluir el proyecto, en medio de la tensión con Washington y a pocas semanas de las elecciones de octubre.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, reforzó su discurso de soberanía nacional durante una visita al centro de la Marina en São Paulo donde se construye el primer submarino de propulsión nuclear brasileño. El mandatario aseguró que el proyecto es una prioridad y prometió garantizar los recursos necesarios para concluirlo.

Lula sostuvo que la soberanía no se defiende únicamente con discursos, sino con la capacidad de tomar decisiones frente a otras potencias. El proyecto ha sufrido diversos retrasos por falta de presupuesto y actualmente tiene como fecha estimada de entrega 2038, por lo que el presidente brasileño afirmó que busca terminarlo “de una vez por todas”.

El submarino forma parte de un programa estratégico de la Marina brasileña para fortalecer las capacidades de defensa y autonomía tecnológica del país. La apuesta adquiere mayor relevancia ante el actual escenario internacional y la creciente tensión entre Brasil y el gobierno de Donald Trump.

El mensaje de Lula llega además en plena carrera electoral. Brasil celebrará elecciones en octubre, mientras el mandatario busca la reelección frente al avance de la derecha encabezada por Flávio Bolsonaro. En días recientes, Lula también prometió que ninguna potencia extranjera podrá llevarse los minerales estratégicos brasileños sin que sean procesados dentro del país.

La relación con Estados Unidos atraviesa uno de sus momentos más tensos. El gobierno brasileño denunció que Washington revocó el visado de su embajadora en territorio estadounidense y calificó la medida como un intento de interferencia en las elecciones brasileñas y de respaldo al sector derechista. Lula también ha cuestionado a Trump por su postura intervencionista en Venezuela y lo ha acusado de comportarse como un “emperador del mundo”.

Con el submarino nuclear, Lula busca convertir el discurso de soberanía en una política concreta, apostando por tecnología propia y capacidad de defensa. En plena campaña electoral, el proyecto también funciona como un mensaje político: Brasil pretende negociar con las grandes potencias desde una posición de mayor autonomía.