Morena eligió por unanimidad a Higinio Martínez para presidir el Senado, en una decisión tomada a puerta cerrada y que dejó fuera a Gerardo Fernández Noroña.
La bancada de Morena eligió a Higinio Martínez Miranda como propuesta para presidir la Mesa Directiva del Senado durante el último año de la LXVI Legislatura. La elección fue presentada como unánime, pero Gerardo Fernández Noroña cuestionó el proceso y acusó que el partido está avanzando hacia un mayor verticalismo
La decisión fue tomada el 30 de agosto a puerta cerrada y deberá ser ratificada por el pleno este 31 de agosto. Los 65 senadores morenistas presentes votaron a favor, aunque Fernández Noroña, quien buscaba continuar en el cargo, estuvo ausente.
Martínez, de 70 años y originario de Texcoco, Estado de México, es médico cirujano egresado de la UNAM; con más de cinco décadas de trayectoria política. Ha militado en el Partido Mexicano de los Trabajadores, Partido Mexicano Socialista, PRD y Morena.
El problema es que la llegada de Martínez no ocurre sin antecedentes polémicos. Investigaciones periodísticas han documentado que durante gobiernos de Texcoco ligados a su grupo político se entregaron contratos por más de 32 millones de pesos a empresas relacionadas con Jorge Luis Vázquez Reyes, familiar político de Martínez.
Además, una investigación de EMEEQUIS documentó que empresas vinculadas con sus sobrinos recibieron más de 18 millones de pesos en contratos municipales entre 2020 y 2022, por lo que se abre la puerta a posibles conflictos de interés y la influencia del llamado Grupo Texcoco.
La designación resulta todavía más cuestionable por la forma en que se expresó Fernandez Noroña, ya que el senador sostuvo que no existió un consenso real y rechazó formar parte del acuerdo. Así, el partido coloca al frente de la Cámara Alta a un político con una larga trayectoria de poder local y señalamientos periodísticos que deberían ser revisados con mayor rigor antes de hablar simplemente de una elección “unánime”.
Martínez asegura que actuará con apego a la Constitución y que dará trato respetuoso a todas las fuerzas políticas. Sin embargo, presidir el Senado no debería reducirse a premiar la experiencia o la capacidad de negociación. La nueva presidencia del Senado comienza, por tanto, con más preguntas que certezas.





