La presidenta peruana elogió el reciclaje de la empresa y respaldó una inversión superior a mil millones de dólares, pero omitió los antecedentes de sobreexplotación de agua, contaminación por plástico y los riesgos asociados al consumo frecuente de bebidas azucaradas.
La presidenta de Perú, Keiko Fujimori, salió en defensa de Coca-Cola mientras la empresa enfrenta cuestionamientos por el uso de agua, la generación de residuos plásticos y los efectos de sus bebidas sobre la salud. Durante una visita a una planta de Arca Continental Lindley, la mandataria destacó una inversión superior a mil millones de dólares, de los cuales 500 millones serán destinados a infraestructura y equipamiento de unas 370 mil bodegas.
Frente a las críticas, Fujimori aseguró: “Esta empresa tiene un gran programa de reciclaje” y sostuvo que el uso de agua no representa un problema porque la planta está cerca del mar y cuenta con agua de subsuelo y desalinizadoras. El discurso de Fujimori, sin embargo, deja fuera los antecedentes internacionales de la compañía. Un informe de Naciones Unidas documenta casos de disminución de mantos acuíferos alrededor de plantas embotelladoras de Coca-Cola en India.
En Kala Dera, por ejemplo, el nivel del agua subterránea cayó de 3.94 metros en la década previa a la llegada de la planta a 25.3 metros durante los primeros 10 años de operación. El mismo reporte registra descensos de 7.9 metros en Mehdigani y problemas de contaminación y salinización del agua en Plachimada.
Tampoco basta con presumir programas de reciclaje para ocultar el problema del plástico. Coca-Cola fue identificada por sexto año consecutivo como la principal empresa contaminante por residuos plásticos en la auditoría global de Break Free From Plastic de 2023, realizada con 8 mil 804 voluntarios en 41 países, quienes documentaron más de 537 mil piezas de plástico; de ellas, 33 mil 820 correspondieron a Coca-Cola. Además, la organización señaló que la empresa abandonó en 2024 su objetivo de alcanzar 25% de envases reutilizables para 2030.
El problema tampoco termina en el ambiente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que el consumo de bebidas azucaradas está asociado con aumento de peso, obesidad y un mayor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y algunos tipos de cáncer. La propia OMS recomienda reducir el consumo de azúcares libres y advierte que las bebidas azucaradas aportan grandes cantidades de calorías con poco valor nutricional.
Frente a estos antecedentes, la defensa de Fujimori resulta especialmente cuestionable: su gobierno de derecha privilegia la inversión y los intereses empresariales, mientras presenta el reciclaje y la generación de empleos como argumento suficiente para minimizar impactos ambientales y sanitarios que organismos internacionales y comunidades han denunciado durante años.





