Por: Luis Piña

Dos años después de asumir el gobierno de Álvaro Obregón, Javier López Casarín ha buscado darle a la alcaldía un sello que va más allá de la atención cotidiana de servicios: convertir a la demarcación en un espacio donde la tecnología, la ciencia, el medio ambiente y la participación ciudadana tengan un papel directo en las decisiones de gobierno.

El 1 de octubre de 2024, López Casarín tomó protesta como alcalde para el periodo 2024-2027, con una demarcación que supera los 800 mil habitantes y que combina zonas empresariales y universitarias como Santa Fe con colonias populares, pueblos originarios y un territorio marcado por barrancas y zonas de riesgo.

En estos dos años, uno de los rasgos más visibles de su administración ha sido precisamente intentar aprovechar esa diversidad para construir una forma distinta de gestión. El ejemplo más llamativo es el microsatélite MXÁO-1, puesto en órbita en noviembre de 2025 mediante un esquema de colaboración entre gobierno, academia e industria.

La apuesta no se quedó en el lanzamiento del satélite. La alcaldía plantea utilizar la información obtenida para tareas como el monitoreo de áreas naturales, identificación de riesgos, planeación urbana, movilidad y seguimiento de barrancas. El proyecto forma parte de un modelo de innovación pública que busca que el conocimiento generado por universidades y empresas termine convertido en herramientas para resolver problemas concretos de la demarcación.

A esto se suma el Clúster Universitario de Alto Nivel, una alianza que reúne a instituciones educativas, centros de investigación, empresas y gobierno. Para Álvaro Obregón, el objetivo es aprovechar la enorme concentración de universidades que existe en la zona para generar proyectos de investigación aplicada y soluciones para problemas urbanos y sociales.

El rescate de las barrancas se convirtió, de hecho, en otro de los programas que identifican a esta administración. Lo que comenzó como una estrategia para retirar residuos y disminuir riesgos durante la temporada de lluvias evolucionó hacia un proyecto de recuperación ambiental. Desde 2025 se han intervenido 12 barrancas y retirado más de 4 mil 600 toneladas de residuos, mientras que el Gobierno de la Ciudad de México incorporó el rescate de estos espacios a una estrategia más amplia para ríos y barrancas.

En seguridad también existe un cambio importante en la estrategia. El gobierno de López Casarín puso en marcha Seguridad 360, con mayor capacidad de patrullaje, coordinación institucional y herramientas de inteligencia. La alcaldía adquirió 125 nuevas patrullas, con lo que, de acuerdo con la propia administración, triplicó su capacidad de vigilancia.

Los indicadores presentados ante el Congreso capitalino muestran una reducción de 29.7 por ciento en los delitos de alto impacto al corte de mayo de 2026. Posteriormente, para el periodo enero-junio de ese año, la alcaldía reportó una reducción de 9.65 por ciento en delitos de alto impacto y una caída de 32.26 por ciento en homicidios dolososrespecto al mismo periodo de 2025.

En el terreno de los servicios públicos, la administración también ha buscado trasladar la atención ciudadana a herramientas más cercanas a la vida cotidiana. La plataforma Dalia permite realizar solicitudes y reportes mediante WhatsApp, con la intención de reducir la distancia entre los vecinos y las áreas responsables de atender problemas urbanos.

Otro elemento que distingue el discurso y la gestión de López Casarín es la intención de llevar a Álvaro Obregón fuera de las fronteras de la propia alcaldía. Su participación en redes y encuentros internacionales de gobiernos locales, así como los acuerdos de cooperación con otras ciudades, forman parte de una estrategia para intercambiar conocimiento y atraer experiencias que puedan aplicarse en el territorio.

Incluso en materia de desarrollo urbano, la apuesta ha sido vincular problemas tradicionales de la ciudad con soluciones de largo plazo. El rescate de barrancas, la recuperación de cuerpos de agua, la prevención de riesgos, el uso de información satelital y la colaboración con universidades forman parte de una misma idea: que una alcaldía no tiene que limitarse a reparar calles, recoger basura o administrar servicios, sino que también puede convertirse en un espacio de experimentación de políticas públicas.

Ese es, hasta ahora, uno de los principales sellos personales de López Casarín frente al resto de las administraciones locales de la capital: colocar la innovación como un eje de gobierno y no solamente como un concepto asociado a tecnología. En Álvaro Obregón, la apuesta ha sido conectar ciencia, territorio, seguridad, medio ambiente y participación ciudadana.

El balance, sin embargo, todavía tiene asuntos pendientes. Durante su comparecencia ante el Congreso de la Ciudad de México también recibió cuestionamientos por el subejercicio presupuestal, la atención de fugas de agua, las inundaciones y la percepción de inseguridad entre algunos sectores de la población. Es decir, la innovación y los proyectos de largo alcance conviven con problemas cotidianos que siguen exigiendo respuestas inmediatas.

A dos años de distancia, la administración de Javier López Casarín puede leerse, por ello, en dos planos: el de los servicios y problemas que cualquier alcaldía debe resolver todos los días, y el de una apuesta más ambiciosa por cambiar la manera en que un gobierno local utiliza el conocimiento, la tecnología y las alianzas para enfrentar sus desafíos.

El verdadero reto para la segunda mitad de su administración será lograr que proyectos como el MXÁO-1, el Clúster Universitario, Fábrica del Agua y el rescate de las barrancas no se queden como iniciativas emblemáticas, sino que terminen traducidos en beneficios visibles y permanentes para quienes viven en Álvaro Obregón.