Mientras excolaboradores y personas vinculadas al entorno de Alejandro Moreno enfrentan investigaciones y detenciones en Campeche, el porro de Mancilla vuelve a protagonizar un altercado físico contra un legislador de Morena.
La caída de personajes cercanos a Alejandro “Alito” Moreno tomó fuerza esta semana con la detención de Luis Antonio “N”, contador de Emigdio Moreno Cárdenas, hermano del dirigente nacional del PRI, y de Carlos Alberto Medina Hernández, quien fue director de Comunicación Social durante el gobierno de Moreno en Campeche.
Luis Antonio “N” fue detenido en la alcaldía Benito Juárez y trasladado a Campeche por una investigación relacionada con presuntos desvíos millonarios. De acuerdo con los señalamientos citados, habría fungido como representante legal de empresas vinculadas con Emigdio Moreno y aparece relacionado con operaciones por 36 millones de pesos, además de investigaciones sobre pagos por 97 millones de pesos a la televisora Mayavisión durante la administración de Alito.

Por su parte, Carlos Alberto Medina Hernández fue detenido por presunto peculado y es señalado como posible cómplice dentro de la investigación sobre una red que habría utilizado Empresas que Facturan Operaciones Simuladas (EFOS) para desviar recursos. Ambos casos colocan nuevamente bajo la lupa a personajes que estuvieron relacionados con el círculo político y empresarial del exgobernador de Campeche.
Y mientras los expedientes avanzan, los cercanos a Alito parecen sentir pasos en la azotea. Este miércoles, el diputado plurinominal del PRI Carlos Gutiérrez Mancilla encaró y empujó a Arturo Ávila en el Senado. El episodio no sería aislado: Mancilla ya fue señalado por Gerardo Fernández Noroña como uno de los legisladores que lo agredieron y en mayo protagonizó otro enfrentamiento con Zenyazen Escobar.
La coincidencia resulta llamativa: mientras las investigaciones alcanzan a integrantes del entorno de Alito, uno de sus compañeros de partido responde con empujones y confrontaciones contra quienes lo cuestionan. Mancilla, lejos de ser un caso aislado, acumula episodios de agresividad en el Congreso, al grado de que Noroña lo llamó “golpeador disfrazado de legislador”.





