La dependencia comercial con China amortigua el golpe de los aranceles estadounidenses y empuja a Brasil hacia nuevas alianzas dentro del bloque BRICS.
Brasil refuerza cada día más sus lazos con China, Rusia y el resto de los países BRICS. Así lo advirtió Cristina Pecequilo, catedrática de Relaciones Internacionales de la Universidad Federal de São Paulo, en entrevista con la Agencia Sputnik. La experta explicó que la guerra comercial de Estados Unidos contra el país sudamericano acelera esta búsqueda de nuevos socios.
“Sin duda la búsqueda de alternativas al comercio y las relaciones con EU hoy avanza cada vez más rápido. Vemos una aceleración de esos cambios de alianzas, que muchas veces empiezan a dibujarse tras la crisis económica de 2008”, explicó la especialista sobre el reciente “tarifazo” de Washington. Además, aclaró que no solo Brasil impulsa este giro, sino todos los países BRICS, incluida Rusia.
Las exportaciones brasileñas ya viraban con fuerza hacia China antes de que Donald Trump lanzara su guerra comercial. Esta tendencia tomó todavía más impulso durante el último año. Por eso, los aranceles estadounidenses golpean con fuerza limitada a la economía de Brasil, que ahora depende mucho más de las compras del gigante asiático.
En julio pasado, las exportaciones brasileñas a Estados Unidos alcanzaron unos 3 mil 640 millones de dólares. En cambio, las ventas a China llegaron a 10 mil 673 millones de dólares, según cifras oficiales del Ministerio de Industria y Comercio de Brasil.
Pecequilo considera que esta tendencia se consolidará a mediano y largo plazo. Explicó que Brasil y los demás países BRICS buscan cada vez más “socios confiables” para sus intercambios comerciales y políticos. También confió en que la relación entre Rusia y Brasil se fortalezca, pues aún guarda mucho potencial de crecimiento.
Aranceles con trasfondo político
Para la académica, los aranceles actuales de Estados Unidos contra Brasil tienen un carácter puramente político. El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva considera falsos los argumentos detrás de estas medidas, como la supuesta competencia desleal, la piratería y la deforestación.
“Lo que observamos no responde a una lógica económica en las acciones del gobierno de EU. Se trata de una lógica política, incluso geocultural, que busca presionar al gobierno en turno para que reciba críticas de sus adversarios”, remarcó Pecequilo. Por eso, calificó esta postura como una forma de injerencia política.
La administración de Lula atribuyó a la familia del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2023) buena parte de la decisión de Trump de presionar a Brasil con tarifas y sanciones. Estas maniobras estadounidenses ya juegan un papel clave en la actual campaña electoral brasileña.
El diálogo continúa abierto
Una reciente llamada telefónica entre Lula y Trump aparentemente destensó la situación. Poco antes, Brasil había advertido que aplicaría su Ley de Reciprocidad. Tras la conversación, ambos líderes acordaron seguir dialogando y fijaron una reunión técnica para la próxima semana.
Los mandatarios también acordaron que sus equipos negociadores continúen las conversaciones sobre el arancel del 25 por ciento que Washington impuso a los productos brasileños. Este gravamen representa el principal punto de tensión entre ambos gobiernos.
Pecequilo interpreta estos roces como parte de una sobreactuación típica del momento electoral. Ambos bandos políticos defienden intereses particulares, aunque la relación económica de fondo sigue un rumbo distinto.
“Los conflictos que observamos en las relaciones bilaterales entre EU y Brasil surgen mucho más de un contexto electoral que busca generar ruido. No creo que representen una tendencia histórica real en el vínculo entre ambos países”, subrayó. Y agregó que la vía del diálogo nunca se cerró del todo, aunque se ha ido transformando con el tiempo.





