Las recientes reapariciones de Felipe Calderón, Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador han mostrado un contraste que no se puede ignorar: mientras los dos primeros enfrentan críticas,protestas, y rechazo, AMLO provoca muestras de afecto y respaldo. ¡Amor con amor se paga!

El regreso público de Felipe Calderón dejó una de las escenas más contundentes: extrabajadores de Luz y Fuerza del Centro protestaron contra su presencia en México y posteriormente derribaron y decapitaron su estatua en Los Pinos. Los manifestantes recriminaron al expresidente por la extinción de la empresa en 2009 y por las consecuencias laborales que produjo aquella decisión.

Con Vicente Fox, el retorno a la conversación pública tampoco ha estado acompañado precisamente de una recepción triunfal. Su reaparición política, sus críticas al gobierno actual y su acercamiento a figuras de la oposición han generado cuestionamientos y burlas, mientras diversos análisis han presentado su regreso como el intento de recuperar un espacio político que perdió relevancia. En el caso de Enrique Peña Nieto, sus esporádicas apariciones también han quedado más asociadas a comentarios y controversias en redes que a una recuperación política significativa.

Por otro lado está Andrés Manuel López Obrador. A dos años de abandonar la Presidencia, reapareció en redes para presentar Pueblo y fue recibido con mensajes de felicitación y muestras de respaldo. Es claro que hubo críticas de sus opositores, pero son una minoría comparado con el apoyo que ha recibido. La diferencia está en que su figura conserva una capacidad extraordinaria para movilizar emocionalmente a sus seguidores y generar conversación política inmediata.

La realidad es clara: unos expresidentes reaparecen cargando con el peso de decisiones que todavía provocan rechazo entre sectores de la sociedad; AMLO reaparece apelando precisamente al vínculo que construyó durante décadas con sus seguidores. Él mismo ha repetido durante años una de sus frases más emblemáticas: “amor con amor se paga”. Y aunque sería incorrecto convertir las reacciones visibles en una medición de todo México, sus recientes apariciones muestran que ese vínculo afectivo con una parte de sus simpatizantes permanece vivo, mientras sus adversarios siguen enfrentando el saldo político de sus propios gobiernos.