Las elecciones regionales del 20 de septiembre confirmaron el avance de Alternativa para Alemania (AfD): fue la fuerza más votada en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y aumentó significativamente su respaldo en Berlín, mientras la CDU de Friedrich Merz sufrió una derrota histórica. Dentro del propio partido ya surgieron voces que reclaman la salida del canciller.
Las elecciones regionales en Alemania dejaron un mensaje difícil de ignorar para la derecha tradicional: la AfD continúa ganando terreno mientras la CDU pierde fuerza. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, el partido ultraderechista obtuvo alrededor de 38% de los votos y quedó en primer lugar, mientras que en Berlín alcanzó cerca de 16%, un incremento importante respecto de la elección anterior. El avance se produjo al mismo tiempo que la CDU registró uno de sus peores desempeños electorales de la posguerra.
El golpe fue especialmente severo en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde la CDU quedó por debajo del 5% necesario para obtener representación parlamentaria, un resultado que Reuters calificó como el peor desempeño de la formación en una elección estatal desde 1949. En Berlín, la CDU también perdió el primer lugar frente a Die Linke. Friedrich Merz calificó los resultados como “un desastre”, aunque ha descartado abandonar el cargo y sostiene que continuará con su agenda de reformas.
El deterioro ya provocó una fractura pública dentro del propio espacio democristiano. Christian Gräff, dirigente de la agrupación de pequeñas y medianas empresas de la CDU, pidió directamente la renuncia de Merz, al considerar que carece de las capacidades de liderazgo y comunicación necesarias para impulsar las reformas que, según él, demandan los alemanes. La presión no ocurre en el vacío: los malos resultados regionales se suman a cuestionamientos previos sobre el liderazgo del canciller y al desgaste de la CDU frente al crecimiento de AfD.
El avance de AfD, sin embargo, no significa que el partido vaya a gobernar ninguno de los dos estados. Las demás fuerzas mantienen su negativa a formar coaliciones con la formación ultraderechista, por lo que podría permanecer en la oposición pese a convertirse en la fuerza más votada en Mecklemburgo-Pomerania Occidental. El problema para la política alemana es otro: la llamada “barrera” contra AfD no ha impedido que siga creciendo electoralmente, mientras los partidos tradicionales pierden espacio y el sistema político se fragmenta cada vez más.





