Por: Frank Alvarado
En el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, es relevante recordar el gobierno de Alberto Fujimori en Perú, donde más de 300 mil mujeres, entre ellas mujeres indígenas, fueron esterilizadas de manera forzada.
En el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, conmemorado el 9 de agosto, el caso de Perú recuerda hasta dónde puede llegar un gobierno cuando convierte a mujeres indígenas y pobres en objeto de políticas de control. Durante los años noventa, el gobierno de Alberto Fujimori, padre de Keiko Fujimori, impulsó una política de esterilización que afectó de manera desproporcionada a mujeres rurales e indígenas.
El Comité de la ONU para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) concluyó en 2024 que estas prácticas constituyeron violencia basada en el sexo y discriminación interseccional. El dato es contundente: más de 300 mil mujeres fueron esterilizadas, frente a unos 25 mil hombres. La ONU documentó casos de mujeres que fueron presionadas, engañadas o sometidas a procedimientos sin consentimiento informado, incluso en instalaciones sin condiciones adecuadas. Algunas ni siquiera hablaban español o sabían leer.
Una de las víctimas relató que fue trasladada a un centro médico, sedada y, al despertar, le dijeron: “Ya no tendrás hijos, te hemos curado”. El organismo internacional calificó el programa como un “ataque sistemático y generalizado contra mujeres rurales de origen campesino o indígena” y señaló que anuló su autonomía reproductiva. Además, advirtió que una esterilización forzada es un crimen de lesa humanidad. Pese a la gravedad de los hechos, la ONU también cuestionó que Perú no haya investigado adecuadamente las violaciones ni garantizado una reparación suficiente para las víctimas.
Por eso resulta cuestionable que el apellido Fujimori siga buscando reivindicarse políticamente sin enfrentar plenamente este pasado. Keiko Fujimori, hija del expresidente y heredera política de su movimiento, ha construido su trayectoria alrededor de la defensa del legado de su padre, mientras miles de mujeres todavía esperan justicia y reparación. No se trata de una simple controversia política: son mujeres que perdieron su capacidad reproductiva.





