Un día como hoy, pero de 1945, Japón firmó su rendición formal y puso fin a la Segunda Guerra Mundial. La capitulación ocurrió pocas semanas después de que Estados Unidos lanzara bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, ataques que provocaron una enorme cantidad de víctimas civiles y que, hasta hoy, siguen siendo objeto de  controversia.

La rendición japonesa llegó después de una de las decisiones más devastadoras de la guerra: el lanzamiento estadounidense de armas nucleares sobre Hiroshima, el 6 de agosto, y Nagasaki, el 9 de agosto de 1945. Las explosiones destruyeron ciudades enteras y provocaron la muerte inmediata de decenas de miles de personas, mientras que muchas otras fallecieron posteriormente por heridas, quemaduras y los efectos de la radiación.

Estados Unidos justificó los ataques argumentando que eran necesarios para forzar la rendición japonesa y evitar una invasión terrestre que habría provocado todavía más bajas. Sin embargo, historiadores continúan debatiendo si las bombas eran realmente indispensables, especialmente porque Japón ya enfrentaba una situación militar crítica y la Unión Soviética había declarado la guerra contra Tokio. Para sus críticos, el uso de armas nucleares contra ciudades pobladas constituyó una decisión desproporcionada con un costo humano devastador.

Finalmente, el 2 de septiembre de 1945, representantes japoneses firmaron la rendición a bordo del USS Missouri, en la bahía de Tokio. Con ello terminó formalmente la Segunda Guerra Mundial, pero Hiroshima y Nagasaki quedaron como símbolos de una nueva era: la humanidad había demostrado que podía destruir ciudades enteras con una sola arma y convertir a la población civil en víctima directa de la guerra nuclear.